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Quo Vadis, Argentina?

Carlos W. Altamirano - 2002
 

"La Argentina es como un pantano: nos hundimos, pero nunca se toca fondo". Hasta comienzos de diciembre del a√Īo pasado, √©ste era uno de los tantos sarcasmos que los argentinos se dedicaban a s√≠ mismos, entre angustiados e impacientes por una ca√≠da que parec√≠a no tener t√©rmino. ¬ŅQu√© cab√≠a esperar sino tocar el fondo despu√©s de tres a√Īos de recesi√≥n, de los recortes de salarios y jubilaciones, una desocupaci√≥n superior al 20 por ciento, la insolvencia del Estado, la ca√≠da constante del consumo y una pobreza que no hac√≠a sino aumentar? Mientras los signos del hundimiento se multiplicaban, los pol√≠ticos oficialistas y los de la principal fuerza de oposici√≥n, como si s√≥lo quisieran a√Īadir pruebas de su irresponsabilidad, ofrec√≠an √ļnicamente el espect√°culo diario de sus reyertas, atribuy√©ndose mutuamente el origen de los problemas y maniobrando para que el rival no sacara ventajas de las dificultades. Cuando, finalmente, el derrumbe se produjo, qued√≥ a la vista de todos la magnitud de la brecha que se hab√≠a abierto entre el pa√≠s real y el pa√≠s formal, para decirlo en el lenguaje de los nacionalistas maurrasianos.

Desde entonces, si hay un sentimiento generalizado entre los argentinos, que iguala a quienes est√°n en el gobierno con quienes reclaman, en manifestaciones masivas, que se vayan todos los pol√≠ticos, es el de la ansiedad por un porvenir que aparece indeciso. Hay, por cierto, interpretaciones diferentes respecto de la crisis y sus causas, aunque todas coinciden en que ella es general y profunda. Es frecuente tambi√©n leer y o√≠r hablar, incluso desde antes del derrumbe, del fin de una √©poca o de un r√©gimen, sea para referirse a los a√Īos noventa, la corrupci√≥n y su figura emblem√°tica, Carlos Menem; al sistema pol√≠tico fundado en la sociedad de los dos partidos - el peronismo y el radicalismo -; al dominio incontrastado del neoliberalismo, o bien a todos estos hechos. M√°s indefinido es lo que se dice sobre lo que sobrevendr√° despu√©s del fin. "El futuro es un cristal turbio": dif√≠cilmente pueda hallarse una frase m√°s elocuente que √©sta, recogida en una de las tantas asambleas de barrios que pululan hoy en Buenos Aires [1]. Es que la crisis que atormenta a la Argentina es tan compleja y con algunos aspectos tan nuevos que nadie puede estar seguro de comprender enteramente el sentido del proceso que est√° en curso. Los pron√≥sticos sobre el fin de los partidos tradicionales, que es frecuente leer en estos d√≠as, o sobre la regeneraci√≥n de la democracia que traer√° aparejada la movilizaci√≥n de las clases medias, o las advertencias sobre la fragmentaci√≥n y los riesgos de disoluci√≥n en una "guerra de todos contra todos", no son posibilidades que puedan, simplemente, descartarse. Al mismo tiempo, es innegable que esos pron√≥sticos no transmiten s√≥lo hip√≥tesis sino tambi√©n deseos y temores.

Este cuadro de expectativas e incertidumbre obra sobre cualquier enfoque que pueda hacerse de la situación argentina actual y a ese condicionamiento no escapa, obviamente, la perspectiva que ofrecemos en las páginas que siguen. El centro en torno al cual gira el artículo es esa rebelión de las masas de clase(s) media(s) que ha puesto en jaque a los partidos y a la democracia representativa en el país. Fenómeno de repercusión mundial, constituye uno de los hechos nuevos de la crisis y, sin dudas, es el que ha despertado mayores interrogantes y conjeturas entre los propios argentinos. Lo que nos proponemos es discurrir alrededor de ese hecho, ligando su descripción a las condiciones que lo hicieron posible aunque no obligado.

¬ŅQu√© es esto?

¬ŅCu√°l es el significado y qu√© cabe esperar del movimiento que re√ļne hoy a vecinos y militantes, novatos y curtidos, en asambleas de barrios y marchas donde se reclama el fin del "corralito", el alejamiento de los dirigentes pol√≠ticos y la renuncia de la Corte Suprema de Justicia? Evoquemos brevemente el encadenamiento inicial del proceso por el cual una parte del poder en la Argentina ha terminado instal√°ndose en las calles.

La primera manifestaci√≥n colectiva de protesta por medio del cacerolazo, las bocinas de los autos y el oscurecimiento de las vidrieras de los comercios tuvo lugar el 12 de diciembre. Hab√≠a sido convocada dos d√≠as antes por comerciantes, industriales peque√Īos y entidades de defensa del consumidor, en repudio a las medidas econ√≥micas del gobierno de Fernando de la R√ļa, en primer lugar contra las restricciones al uso de los dep√≥sitos por parte de sus titulares y la bancarizaci√≥n obligatoria de todos los pagos superiores a mil pesos. La protesta, que tuvo su foco en Buenos Aires, extendi√≥ a toda la ciudad los redobles de cacerolas y los bocinazos, pero fue en los barrios donde, a partir de las 8 de la noche, comerciantes y vecinos se reunieron espont√°neamente en las esquinas para sacar el reclamo a las calles. Una semana despu√©s estallaron los saqueos de comercios y supermercados en en las barriadas pobres del Gran Buenos Aires, alentados por dirigentes del peronismo, seg√ļn es hoy vox populi. La alocuci√≥n en que el presidente de la R√ļa comunic√≥ el establecimiento del estado de sitio para hacer frente a la situaci√≥n, que hab√≠a dejado un saldo de muchos muertos, provoc√≥ otro cacerolazo nocturno, m√°s fuerte que el anterior, y una manifestaci√≥n masiva de ciudadanos, que marcharon hacia la Plaza de Mayo, la Plaza de los Dos Congresos y el Obelisco, reclamando la dimisi√≥n de Domingo Cavallo y algo m√°s, como subrayar√≠a el diario Clar√≠n: "¬°Que se vayan!", en plural [2].

La concentraci√≥n congregada en la Plaza de Mayo termin√≥, en la madrugada del d√≠a siguiente, con una b√°rbara represi√≥n policial que provoc√≥ la muerte de 5 manifestantes. Para esas horas el ministro Cavallo ya hab√≠a renunciado y poco despu√©s lo seguir√≠a el propio presidente. Desde ese mi√©rcoles 19 de diciembre la movilizaci√≥n se hizo permanente, contagi√°ndose aceleradamente a otras ciudades del pa√≠s. La liquidaci√≥n del gobierno de Rodr√≠guez Sa√°, acelerada por la lucha intestina del peronismo, pero antecedida por un vasto cacerolazo, mostr√≥ con la claridad m√°s did√°ctica que ning√ļn √≥rgano del Estado, sea nacional, provincial o municipal, pod√≠a ignorar el establecimiento de ese nuevo humor p√ļblico. Para entonces, la consigna "¬°Que se vayan todos"! indicaba que la condena se hab√≠a generalizado al conjunto de los pol√≠ticos.

En un comienzo, el epicentro de esta revuelta cívica fueron los barrios característicos de las clases medias de Buenos Aires (Palermo, Caballito, Almagro) y aun zonas habitadas por sectores más acomodados, como Belgrano y Barrio Norte. Estos fueron en diciembre los focos de los cacerolazos, y la mayor parte de los contingentes que se agrupaban para marchar hacia el centro de la ciudad en columnas formadas por familias, jóvenes, jubilados, provenían de dichos barrios. Todavía hoy, cuando el movimiento se ha ampliado, las clases medias constituyen su columna central.

No es necesario insistir aqu√≠ sobre la polisemia que caracteriza al t√©rmino "clases medias". Digamos, simplemente, que la Argentina no es una excepci√≥n en este terreno y lo que se indica con esa noci√≥n, en el lenguaje de las ciencias sociales no menos que en el lenguaje corriente, est√° lejos de ser un universo social homog√©neo. Como en otras partes, lo que se re√ļne bajo la categor√≠a de clases medias es un conglomerado de grupos y sectores urbanos que no pueden clasificarse ni entre los obreros, ni entre los grandes patrones y propietarios. Algunos de ellos son trabajadores aut√≥nomos (comerciantes chicos, due√Īos de peque√Īos talleres, profesionales liberales), otros, la mayor√≠a, asalariados (cuadros y t√©cnicos de la administraci√≥n estatal, empleados de los servicios p√ļblicos y privados, docentes de los diferentes niveles del sistema educativo) [3]. No es, pues, la ocupaci√≥n ni la categor√≠a socio-profesional lo que este conjunto tiene en com√ļn, sino m√°s bien, como lo suele registrar la intuici√≥n pr√°ctica respecto de la "clase media", ciertos rasgos relativos a los modos de comportamiento, los lugares de residencia, la valorizaci√≥n de la educaci√≥n y la propensi√≥n al moralismo. Estas observaciones, as√≠ apuntadas, hacen pensar en una clase media intemporal, cuando, en realidad, ese universo social se transform√≥ profundamente a lo largo del siglo XX, en la Argentina al igual que en otras partes. Pero los cambios no fueron s√≥lo sociales: tambi√©n su comportamiento pol√≠tico conocer√≠a variaciones importantes.

El periplo de las clases medias

Acaso ning√ļn otro sector ilustra como √©ste las curvas del "progreso argentino". Su expansi√≥n fue el par√°metro de la movilidad social ascendente ya en las primeras d√©cadas del siglo pasado [4]; bajo el primer peronismo, el crecimiento de sus contingentes, sobre todo el de las categor√≠as asalariadas del conglomerado, es m√°s r√°pido que el crecimiento de las filas obreras; y la dilataci√≥n continu√≥ en los a√Īos de la modernizaci√≥n desarrollista, en los sesenta [5]. En 1980 el colectivo de las clases medias representaba el 47% de la fuerza de trabajo total. Este no s√≥lo fue un universo social en expansi√≥n en los tres cuartos del siglo XX, sino que su composici√≥n interna se modific√≥ profundamente a lo largo de ese trayecto y cada vez ser√≠a mayor en sus filas el volumen de los asalariados. Lo que estos cambios no alteraron fue la certidumbre de la movilidad social, convertida en sentido com√ļn.

Las clases medias urbanas estuvieron lejos de ser pol√≠ticamente pasivas y la disposici√≥n (al menos la de algunas de sus fracciones) para la movilizaci√≥n ideol√≥gica y pol√≠tica inspirar√≠a la boutade de que en la Argentina la √ļnica clase revolucionaria no era el proletariado, sino la clase media. Entre 1945 y 1946 y, nuevamente, entre 1954 y 1955, le proporcion√≥ respaldo y su √ļnico movimiento de masas - el movimiento universitario - a la coalici√≥n social y pol√≠tica que enfrent√≥ a Per√≥n y al r√©gimen justicialista. Despu√©s del derrocamiento de Per√≥n, el apoyo a Arturo Frondizi y su llamado a unir al pueblo y la naci√≥n en la lucha por la Argentina industrial y el desarrollo provino asismismo de las clases medias. Una parte de los j√≥venes de este sector, desandando poco a poco el camino antiperonista recorrido por los adultos de su clase, se convirti√≥ a una versi√≥n radical del peronismo (interpretado como el movimiento de liberaci√≥n nacional in nuce) y le proporcion√≥ militantes, ide√≥logos y combatientes a los partidos armados de los a√Īos setenta. Como olas sucesivas de la activaci√≥n pol√≠tica de las clases medias han de verse tambi√©n el apogeo del alfonsinismo en los ochenta y el del Frepaso en la d√©cada siguiente, el primero con su foco en la cuesti√≥n democr√°tica y el segundo en la denuncia de la corrupci√≥n pol√≠tica. En realidad, la fobia actual contra los pol√≠ticos no puede comprenderse enteramente sin referencia a la expectativa y la decepci√≥n que signific√≥ el fruto que produjo el encuentro del alfonsinismo y el Frepaso, es decir, la Alianza y el gobierno de Fernando de la R√ļa.

Pero antes de detenernos en este punto, consignemos brevemente los cambios que experiment√≥ la situaci√≥n de las clases medias en los √ļltimos quince a√Īos y que hab√≠an de provocar la fragmentaci√≥n de sus filas. A comienzos de los noventa se forjaron, en el campo de los estudios sociales en la Argentina, las nociones de "nueva pobreza" y "nuevos pobres" para registrar y describir el proceso de pauperizaci√≥n que ten√≠a como v√≠ctimas a fragmentos cada vez m√°s amplios de la clase obrera y las clases medias. El estancamiento econ√≥mico de los ochenta y el modelo capitalista neoliberal adoptado en los noventa, que produjeron una brutal reclasificaci√≥n econ√≥mica y social, precipitar√≠an a grandes contingentes de los sectores medios en el universo de la penuria [6]. La ca√≠da de los ingresos, o la desocupaci√≥n, y el deterioro de los servicios p√ļblicos en el terreno de la salud y la educaci√≥n, se sumar√≠an para contrariar lo que hab√≠a constituido hasta entonces una suerte de sentido com√ļn de clase, la experiencia de la movilidad social ascendente. As√≠, muchos grupos, entre aut√≥nomos y asalariados de clase media, har√≠an la experiencia inversa, la del descenso, incorpor√°ndose al campo de los ¬Ďperdedores¬í con el sentimiento de la p√©rdida y la frustraci√≥n.

Desde mediados de la d√©cada pasada, el fin de la clase media se convirti√≥ en un t√≥pico del discurso p√ļblico. Pero, en verdad, no todos sus integrantes conocieron la suerte de la pauperizaci√≥n y las tribulaciones de la declinaci√≥n social. Recordemos el √©xito que acompa√Ī√≥ inicialmente al plan de estabilidad puesto en marcha por Domingo Cavallo en 1991, sobre el esquema de la paridad peso-d√≥lar. La estabilidad que introdujo el Plan de Convertibilidad - que no s√≥lo mejor√≥ el poder de compra de las remuneraciones, sino que reabri√≥ el cr√©dito al consumo - y, seguidamente, el conjunto de medidas destinadas a desregular la econom√≠a, retirar al Estado de la producci√≥n privatizando sus empresas y abrir el mercado a la competencia externa, activaron el crecimiento econ√≥mico y dinamizaron el consumo. Este auge, que descansaba fundamentalmente en el ingreso de capitales del exterior y cuya fragilidad se dejar√≠a ver claramente despu√©s de la crisis mexicana, prosigui√≥, aunque sin el br√≠o del comienzo, hasta 1998, cuando comenz√≥ la larga recesi√≥n en que vive a√ļn hoy el pa√≠s. Mientras dur√≥, ese efecto de riqueza -que no fue general, pues el aumento de la desocupaci√≥n y la pobreza eran su contracara sombr√≠a- cont√≥ entre sus beneficiarios a franjas no insignificantes de las clases medias, que mejoraron sus ingresos, accedieron a la vivienda propia o se mudaron a una m√°s costosa, renovaron sus autom√≥viles, viajaron al exterior y, en fin, sofisticaron sus h√°bitos de consumo. La adopci√≥n del capitalismo neoliberal no tuvo, pues, efectos parejos sobre este conglomerado, algunos de cuyos segmentos se incorporaron al campo de los llamados "ganadores" del modelo. Lo cierto es, igualmente, que el "progreso" hab√≠a dejado de ser una experiencia colectiva.

La ilusión de la Alianza

Estos cambios no se proyectaron de manera significativa en los alineamientos pol√≠ticos de la d√©cada del noventa. La clara mayor√≠a pol√≠tica que construy√≥ Carlos Menem entre 1991 y 1995 recibi√≥ apoyo de las clases medias, sobre todo en el interior del pa√≠s. La base principal de su poder√≠o, sin embargo, no radic√≥ all√≠ sino en el voto de las clases populares, hist√≥ricamente peronistas, y en el caudal, m√°s inestable, que le proporcion√≥ el apoyo de la derecha social y pol√≠tica, a la que atrajo mediante su pragm√°tica conversi√≥n al neoliberalismo. Aunque el campo de la oposici√≥n pol√≠tica al menemismo tuvo igualmente una composici√≥n interclasista, su columna vertebral fueron las clases medias de las grandes ciudades. De √©stas extraer√≠an respaldo y la mayor parte de sus votos no s√≥lo, como era ya un dato hist√≥rico, el radicalismo y los peque√Īos partidos de izquierda, sino tambi√©n el Frepaso, cuyo fulgurante surgimiento fue uno de los fen√≥menos pol√≠ticos de la d√©cada. En otras palabras: si bien a lo largo de los noventa las clases medias dispersaron sus simpat√≠as y sus votos entre todas las formaciones pol√≠ticas en presencia, la proporci√≥n de esa dispersi√≥n fue desigual y, en t√©rminos globales, favorable a las fuerzas de oposici√≥n en los principales distritos urbanos.

Podemos retomar ahora la cuesti√≥n de la Alianza, cuyo gobierno caer√≠a tan estrepitosamente en diciembre del 2001. Esta se constituy√≥ en 1997 y sus signatarios fueron la Uni√≥n C√≠vica Radical y el Frepaso, un agrupamiento cuya aparici√≥n hab√≠a alterado el juego pol√≠tico entre peronistas y radicales existente hasta 1994. ¬ŅQu√© era el Frepaso? Su n√ļcleo original y su principal figura, Carlos "Chacho" Alvarez, proced√≠an del peronismo, donde hab√≠an constituido, con ocho diputados, un polo disidente que concluir√≠a por romper no s√≥lo con la orientaci√≥n menemista, sino con el partido peronista, visto como irredimiblemente corrupto. Identificados con las posiciones del populismo de izquierda, Alvarez y su grupo hicieron su primer ensayo electoral en 1993, asociados en el Frente Grande con social-cristianos y comunistas. La elecci√≥n le dio el 13,4% de los votos en el distrito de la ciudad de Buenos Aires, resultado sorprendentemente bueno para una fuerza nueva. En las elecciones del a√Īo siguiente, celebradas para designar delegados a la asamblea destinada a la reforma de la Constituci√≥n, el Frente Grande casi triplic√≥ sus votos en Buenos Aires (36%) y obtuvo el 12% a nivel nacional, dejando ver que se hab√≠a establecido un tercer actor en la escena.

Pol√≠tico repentista, imaginativo y carism√°tico, "Chacho" Alvarez se destac√≥ enseguida por sobre el resto de sus compa√Īeros frentistas. Con una cultura intelectual mayor a la que es habitual entre los pol√≠ticos argentinos, pero sin inter√©s en la adopci√≥n ni en la formulaci√≥n de definiciones ideol√≥gicas demasiado precisas, se desprendi√≥ r√°pidamente de sus aliados comunistas y se lanz√≥ a la tarea de impulsar una coalici√≥n capaz de batir electoralmente a Menem. El primer fruto de esa iniciativa ser√≠a el Frepaso, una liga de grupos peronistas, social-cristianos y socialistas, que tuvo un excelente desempe√Īo en los comicios de 1995, cuando Menem fue reelecto. Aunque esta coalici√≥n entr√≥ en crisis inmediatamente despu√©s de las elecciones, el trastorno de la alianza original fortaleci√≥ el liderazgo de Alvarez, quien recibi√≥ el apoyo de la mayor√≠a de los grupos. ¬ŅCu√°l era la identidad del Frepaso, m√°s all√° del reconocimiento a la autoridad pol√≠tica de Alvarez? Program√°ticamente e ideol√≥gicamente vago, lo que el Frepaso expon√≠a, en primer lugar a trav√©s de su l√≠der, era una impugnaci√≥n del menemismo fundada en lo que podr√≠amos llamar una interpretaci√≥n moral de la experiencia iniciada en 1989. La corrupci√≥n, que ten√≠a como cabeza a Carlos Menem, aparec√≠a como el punto donde todo se anudaba y, a la vez, todo cobraba sentido, desde las privatizaciones de empresas p√ļblicas al acatamiento que el partido peronista daba a un gobierno que hab√≠a abandonado la tradici√≥n del peronismo. El otro t√≥pico del discurso de Alvarez era el llamamiento y la promesa de una nueva pol√≠tica, m√°s transparente y pr√≥xima los ciudadanos corrientes - la "gente" -. Esta promesa ten√≠a como fondo la denuncia de su ant√≠tesis, la vieja pol√≠tica, ejercida por quienes s√≥lo se serv√≠an de los cargos para defender intereses particulares o de partido, una pol√≠tica cuyo mecanismo era la transacci√≥n permanente. La censura de esta pr√°ctica no exclu√≠a a los radicales, se√Īalados como miembros del mismo r√©gimen, el "bipartidismo", al menos mientras el Frepaso rivaliz√≥ con ellos por la representaci√≥n de la oposici√≥n a Menem.

Este mensaje - denuncia del menemismo como sistema corrupto que no hab√≠a dejado a salvo ninguno de los poderes del Estado, reclamo de transparencia en la vida pol√≠tica, proximidad con la "gente" - se ajustaba variadamente con el populismo de izquierda que segu√≠a constituyendo el repertorio ideol√≥gico b√°sico de la c√ļpula del Frepaso, aunque ya no pareciera ser la de su l√≠der. Pero Alvarez era quien estaba en comunicaci√≥n con la "gente", sobre todo a trav√©s de la radio y la TV, que a partir de 1993 lo tendr√≠an entre sus pol√≠ticos predilectos. Esos medios le dieron gran audiencia a los t√≥picos de su proceso al menemismo y le ganaron la adhesi√≥n de franjas cada vez m√°s amplias de los sectores progresistas de las clases medias, atra√≠das por su combate contra Menem y el llamado a una suerte de regeneracionismo c√≠vico. El primer esbozo de la alianza que habr√° de vencer al peronismo en las elecciones en 1999 fue el llamado que lanz√≥ el Frepaso, y cont√≥ con el apoyo de los c√≠rculos radicales interesados en la coalici√≥n, a expresar p√ļblicamente un repudio al gobierno menemista. Los medios de expresi√≥n de la protesta que se llev√≥ a cabo el 12 de septiembre de 1996 y tuvo su epicentro en los barrios de clase media de Buenos Aires, reaparecer√°n en diciembre del 2001: el apag√≥n y los cacerolazos.

La Uni√≥n C√≠vica Radical acept√≥ constituir la alianza cuando sus dirigentes percibieron que una nueva y probable derrota electoral pod√≠a llevarlos a la irrelevancia pol√≠tica y la declinaci√≥n definitiva. El sector progresista del radicalismo, entre socialdem√≥crata y populista, identificado con Ra√ļl Alfons√≠n, ten√≠a la mayor√≠a del partido pero ninguna figura en condiciones de rivalizar con el peronismo en una elecci√≥n presidencial. Por el contrario, Fernando de la R√ļa, intendente de la ciudad de Buenos Aires, que representaba el alma liberal-conservadora del partido, sobrepasaba a todos los politicos en las encuestas de imagen, aunque estaba en minor√≠a entre los radicales. Como la idea de poner en marcha el frente antimenemista dominar√° sobre cualquier otra entre los integrantes del acuerdo, de la R√ļa ser√° el candidato a presidente de los radicales y, tras derrotar en una competencia interna a la aspirante del Frepaso, encabezar√° la f√≥rmula presidencial de la alianza, acompa√Īado por "Chacho" Alvarez como candidato a vice-presidente. Para entonces ninguna cuesti√≥n que no fuera la relativa a la estrategia electoral interesaba ya a los socios de la Alianza por el Trabajo, la Educaci√≥n y la Justicia - el d√≠a despu√©s...vendr√≠a despu√©s -.

La f√≥rmula parec√≠a reunir las cualidades contradictorias del orden y el movimiento: si de la R√ļa atra√≠a los votos de la clase media moderada y conservadora, no s√≥lo en las grandes ciudades, sino en el conjunto del pa√≠s, garantizando con su estilo y su propia carrera politica que no habr√≠a otros cambios que los propios de una gesti√≥n m√°s austera, Alvarez aparec√≠a como el fiador del car√°cter progresista del proyecto, aunque en verdad no se hab√≠a comprometido sino con una innovaci√≥n de tipo √©tico-pol√≠tico. Quien fue elegido por la c√ļpula de la coalici√≥n ya antes de las elecciones como futuro titular del Ministerio de Econom√≠a, Jos√© Luis Machinea, se encarg√≥ de transmitir al establishment local e internacional que una eventual gesti√≥n de la Alianza iba a respetar los par√°metros del modelo capitalista que reg√≠a desde 1991, en primer t√©rmino su premisa cambiaria (un peso = un d√≥lar) y la reducci√≥n del d√©ficit fiscal. En cuanto a la pol√≠tica social, los responsables de la Alianza confiaban, antes que nada, en las posibilidades de otra administraci√≥n - esto es, sin corruptelas - de los recursos ya existentes. Todo lo dem√°s descansaba en la hip√≥tesis de una reactivaci√≥n econ√≥mica ya cercana.

"¬°Que se vayan todos! ¬°Que no quede ninguno!"

Le hemos dado cierto espacio a estos datos relativos al Frepaso y la formaci√≥n de la Alianza porque ayudan a comprender, al menos en parte, la mezcla de frustraci√≥n y rabia antipol√≠tica que se volc√≥ a las calles en diciembre y aun hoy aflora en las asambleas barriales. No vamos a detenernos en la presidencia de Fernando de la R√ļa, ni en su estilo de gobierno, basado en la indecisi√≥n permanente, ni en el inclasificable grupo que constituy√≥ su entourage, ni en c√≥mo avanz√≥ hacia el descarrilamiento final, un desenlace que desde marzo del 2001 se volvi√≥ cada d√≠a m√°s previsible. S√≥lo consignemos que la reactivaci√≥n esperada por el equipo de Machinea no tuvo lugar y que Domingo Cavallo, vuelto al Ministerio de Econom√≠a en marzo del 2001, no fue m√°s afortunado. Ninguno pudo poner fin a la recesi√≥n y sus secuelas - el aumento de la desocupaci√≥n y la pobreza -; la ca√≠da de la recaudaci√≥n tributaria impuls√≥ nuevos impuestos y el ajuste fiscal se volvi√≥ permanente. Mientras tanto la Alianza se fue astillando. Pero, hay que subrayarlo, mientras ella dur√≥ - digamos, hasta la renuncia de Alvarez - los funcionarios de la nueva administraci√≥n, sean radicales o frepasistas, no se mostraron en general m√°s eficientes que sus antecesores ni siempre menos reprochables √©ticamente.

La nueva pol√≠tica, en otras palabras, se parec√≠a demasiado a la vieja. No afirm√≥ otra cosa Alvarez al renunciar al cargo de vicepresidente el 6 de octubre del 2000, "para poder decir con libertad lo que siento y lo que pienso y, al mismo tiempo, para no perjudicar al Presidente ni alterar el orden institucional". En realidad ya hab√≠a recuperado bastante de esa libertad en los meses que precedieron a su dimisi√≥n. En efecto, ya hab√≠a vuelto a ser √©l mismo, por as√≠ decir, cuando tuvo la ocasi√≥n de reencontrarse con el papel en que se sent√≠a a sus anchas - el de tribuno de la "gente" -, y esa ocasi√≥n la ofreci√≥ la denuncia de que algunos miembros del Senado hab√≠an sido sobornados para aprobar una ley laboral. A trav√©s de los media, que recoger√≠an d√≠a a d√≠a sus declaraciones, volvi√≥ al combate contra los vicios de la vieja pol√≠tica, en cuyas pr√°cticas aparec√≠an ahora involucrados, seg√ļn las revelaciones sobre los hechos del Senado, no s√≥lo el partido aliado, la UCR, sino tambi√©n miembros de su propia fuerza. Y el texto de su renuncia, que ley√≥ en el medio de una vasta movilizaci√≥n de apoyo, dejar√≠a al gobierno, indirecta pero claramente, en el lugar de lo viejo "que debe morir".

Fundé una fuerza política nueva en la Argentina para, entre otras cosas, cambiar drásticamente la forma de hacer política. Estoy convencido de que estamos ante una crisis terminal en la manera de hacerla, de la relación entre poder político y poder económico, y del vínculo entre la política y la gente [...] Parece paradójico y resulta cada vez más chocante: cuanto más avanzan la pobreza, la desocupación, el escepticismo y la apatía, desde no pocos lugares se responde con dinero negro, compra y venta de leyes, más pragmatismo y más protagonismo para quienes operan en la política como si fuera un negocio para pocos [...] De aquí que esta situación debe enfrentarse con una enorme cuota de coraje y decisión. O se está con lo viejo que debe morir o se lucha por lo nuevo que esta crisis debe ayudar a alumbrar.

Al margen del desconcertante zig-zag que Alvarez recorrer√≠a despu√©s de su alejamiento del gobierno y de la crisis en que hundi√≥ tanto a la coalici√≥n como al Frepaso, esas im√°genes relativas al fin de la vieja pol√≠tica, afectada por un c√°ncer que no pod√≠a ser tratado a medias, y la expectativa en el alumbramiento de una nueva pol√≠tica y una nueva rep√ļblica, ya no hab√≠an de desaparecer del espacio p√ļblico. Se las puede encontrar, por ejemplo, en la pr√©dica de Elisa Carri√≥, que ocup√≥ el lugar de Alvarez en el llamado al regeneracionismo c√≠vico y organiz√≥ en torno a su figura una nueva fuerza pol√≠tica, el ARI (Argentinos para un Rep√ļblica de Iguales). Pero m√°s all√° de cualquier enunciador particular, la representaci√≥n de una sociedad capturada por mafias, de los pol√≠ticos profesionales como una de ellas y del nacimiento pr√≥ximo de una Argentina liberada de ese mal, que algunos remontan a los a√Īos de Menem y otros a la √ļltima dictadura militar, se convirti√≥ en componente de un discurso extendido, period√≠stico e intelectual. En esa representaci√≥n, en que la queja se ligaba a la denuncia de la corrupci√≥n - la del "Estado mafioso", seg√ļn la definici√≥n de Carri√≥, quien muy pront√≥ se hall√≥ en la cumbre de las encuestas de opini√≥n -, muchos encontraban la explicaci√≥n de sus penurias materiales o, quienes no estaban afligidos por ellas pero eran progresistas, la del penoso desempe√Īo de la coalici√≥n en que hab√≠an puesto sus ilusiones.

De la magnitud del descontento no habr√≠a prueba m√°s elocuente que el resultado de las elecciones para diputados y senadores del 14 de octubre del 2001. Las gan√≥ el peronismo, que obtuvo cerca del 30% en todo el pa√≠s, pero el hecho central no fue √©ste, sino las cifras del "voto bronca", denominaci√≥n con que los analistas agruparon los votos en blanco y nulos. En la ciudad de Buenos Aires, este voto de censura a la "clase pol√≠tica" super√≥ las cifras obtenidas por los candidatos de cualquier fuerza, y lo que quedaba de la Alianza apenas retuvo la mitad de los votos que hab√≠a alcanzado en mayo del a√Īo anterior, cuando atrajo casi el 50% de los sufragios. Aunque el castigo fue rotundo para el gobierno de Fernando de la R√ļa, el peronismo tambi√©n registr√≥ p√©rdidas importantes en varios de sus bastiones electorales, lo que mostraba que la desaprobaci√≥n y el desencanto no afectaban s√≥lo a los partidos identificados con la Alianza - el radicalismo y el Frepaso -. Podr√≠a decirse que la sanci√≥n electoral del 14 de octubre anticip√≥ la que va a aparecer apenas dos meses despu√©s en los cacerolazos, cuando al malestar que sintetiz√≥ el "voto bronca" se sum√≥ la irritaci√≥n por el corralito y la bancarizaci√≥n.

No quisi√©ramos concluir este par√°grafo relativo a la condena de los pol√≠ticos sin hacer alguna referencia, aunque sea sumaria, al discurso de los opinion-makers medi√°ticos. No es inoportuno recordar que la cr√≠tica a los pol√≠ticos, vistos como un grupo cuyos intereses son ajenos a las preocupaciones del individuo com√ļn - la "gente"- surgi√≥ en el √°mbito del periodismo de derecha. En efecto, la pr√©dica comenz√≥ en favor del partido del mercado ya a fines de los ochenta y no tuvo propalador m√°s astuto que Bernardo Neustadt, quien conduc√≠a en sociedad con Mariano Grondona Tiempo Nuevo, el programa pol√≠tico m√°s influyente de la TV argentina en los primeros a√Īos del gobierno de Menem. En el discurso de propaganda de Neustadt el individuo com√ļn, simbolizado por una imaginaria "Do√Īa Rosa", era la v√≠ctima del estatismo y de las diversas obstrucciones que el partido del Estado opon√≠a a la libertad de los consumidores. Ajenos e indiferentes a los contratiempos y percances de la gente com√ļn, aparec√≠an los pol√≠ticos y, sobre todo, los pol√≠ticos progresistas, individuos aferrados al pasado. Esta pr√©dica no s√≥lo fue coincidente con los primeros a√Īos de la presidencia de Menem, sino que es indisociable de la pol√≠tica que √©ste llev√≥ a cabo. De hecho, el presidente al igual que Cavallo, el ministro exitoso de entonces, fueron concurrentes regulares del programa que, a su vez, funcion√≥ como agencia de propaganda de la privatizaci√≥n de las empresas p√ļblicas y, en general, de todas las medidas destinadas cambiar a la Argentina de acuerdo con una visi√≥n encantada, casi m√°gica del capitalismo neoliberal.

En la segunda mitad de los noventa la estrella de Neustadt cay√≥, acompa√Īando el desprestigio que experimentaba la administraci√≥n menemista. De todos modos, el proceso a los pol√≠ticos ya no abandon√≥ la escena medi√°tica, aunque la desacreditaci√≥n no ser√≠a m√°s monopolio del periodismo de derecha y se alimentar√≠a de acusaciones diferentes a las que hab√≠a promovido la campa√Īa por el Estado m√≠nimo. No queremos dar a entender que los dirigentes pol√≠ticos hayan sido apenas el chivo expiatorio de la crisis argentina. Tienen en ella una responsabilidad de primer orden, aunque la corrupci√≥n explique s√≥lo parcialmente las inconsecuencias y la ineptitud que han mostrado en el ejercicio del gobierno. La censura que hoy los hostiga no es arbitraria ni puede ser comprendida nada m√°s que como efecto de un discurso orientado a producir "el culpable". Pero el discurso de los opinion makers, que no es portador de convicciones razonadas, sino de "evidencias" que son del orden del todo o nada, contribuyeron a esa simplificaci√≥n que hizo converger todos los males en el comportamiento moral de los pol√≠ticos profesionales.

La política en las plazas

La protesta de las cacerolas reuni√≥ a los diversos segmentos de las clases medias, como quiera se clasifiquen sus clivajes, social o ideol√≥gicamente. Es decir, el segmento de los "perdedores" y el de los "ganadores" de la d√©cada del noventa, si se quiere registrar diferencias socio-econ√≥micas; los segmentos moderados, los progresistas y los de izquierda, si se quiere trazar distinciones aproximadamente ideol√≥gicas [7]. Un paisaje an√°logo aparece en las asambleas barriales, que son una de las derivaciones de las movilizaciones de diciembre. Sobre todo si no se considera cada una de las asambleas, sino el conjunto que arman las que hoy se convocan en diferentes d√≠as de la semana en esquinas y plazas de la ciudad de Buenos Aires. Unas m√°s numerosas, otras menos, ellas re√ļnen, en la condici√≥n com√ļn de vecinos y defraudados, a ahorristas, comerciantes empobrecidos, amas de casa, profesionales progresistas y militantes. No es f√°cil dar una imagen unificada de lo que ocurre en ellas, m√°s all√° de unos pocos rasgos compartidos.

El igualitarismo es uno de esos rasgos, pues es la sola condici√≥n de vecino la que habilita a hablar, expresar reclamos, narrar experiencias y hacer propuestas. Con este igualitarismo va asociado el sentimiento del espacio p√ļblico recobrado y el de la comunidad en que ning√ļn t√≠tulo que pueda invocarse da m√°s autoridad que otro: en ella pueden hablar todos [8]. Las competencias de tipo profesional suelen declararse para ofrecer formas espec√≠ficas de cooperaci√≥n con necesidades planteadas en la asamblea. Otro rasgo general, y casi obvio dado lo que hemos dicho hasta aqu√≠, es la recusaci√≥n de los pol√≠ticos profesionales. Hay militantes en las reuniones, sobre todo procedentes de los grupos de la izquierda, y en algunas asambleas se admite que puedan hablar proclamando su identidad pol√≠tica, siempre que acepten acatar las decisiones que adopte la mayor√≠a. Un fantasma que los vecinos se preocupan por exorcisar una y otra vez es que sus reuniones no sean manipuladas por "extra√Īos" al cuerpo pol√≠tico que ellos forman. Ese cuerpo, cuyos l√≠mites son siempre porosos, se constituye cada vez y en √©l se integran quienes participaron de la asamblea anterior y los nuevos, los reci√©n llegados. El grado de estructuraci√≥n de los mitines, as√≠ como la existencia y el n√ļmero de comisiones que prosiguen su actividad entre una reuni√≥n y otra, son hechos que var√≠an de una asamblea a otra seg√ļn el mayor o menor tiempo que lleven funcionando. Una asamblea interbarrial se congrega los domingos en el Parque Centenario y a ella env√≠an sus delegados las asambleas de los barrios.

M√°s all√° de estos aspectos relativos a su funcionamiento y del rechazo al sistema tradicional de partidos, hay una gran diversidad entre las asambleas. Cada una posee una din√°mica propia y fija su temario, si bien la comunicaci√≥n entre ellas, que es cada vez mayor, sobre todo por obra de la asamblea interbarrial y el empe√Īo de los militantes de izquierda, ha ido fijando los elementos de una agenda compartida de actividades. Entre √©stas, las marchas de los d√≠as jueves para repudiar a la Corte Suprema de Justicia y el llamado Cacerolazo Nacional de los d√≠as viernes. Fruto del empe√Īo de los militantes es igualmente la comunicaci√≥n del movimiento de las cacerolas con el movimiento, m√°s articulado, de los piqueteros, como se llama al conjunto de organizaciones que agrupan a los trabajadores desocupados, el otro actor social de la Argentina en crisis.

¬ŅQu√© hacer para reemplazar a los pol√≠ticos cuando se vayan todos? En este punto, las ideas y tambi√©n las fantas√≠as son variadas: desde la propuesta de formar partidos nuevos, surgidos de las asambleas, a la de poner en pr√°ctica mecanismos de democracia directa, sin delegaci√≥n. El sue√Īo de la sociedad transparente, que prolongue y amplifique la comunidad que es la asamblea misma, y del buen gobierno como su coronaci√≥n, sobrevuela estas discusiones. Cuando las asambleas deliberan en torno a estos proyectos se percibe con m√°s claridad que nunca el sentimiento de poder que dej√≥ la experiencia de la movilizaci√≥n que puso fin al gobierno de Fernando de la R√ļa. El sentimiento se refuerza ante la comprobaci√≥n del temor que experimentan los pol√≠ticos y el gobierno presidido por Duhalde ante el veredicto de los cacerolazos. Pero en las asambleas aparece tambi√©n otra agenda, de car√°cter vecinalista, que recoge urgencias locales y propuestas para encarar las penurias del empobrecimiento con respuestas cooperativas. En fin, si esto es lo que podemos saber, ¬Ņqu√© es lo que podemos esperar? Ciertamente, resulta imposible aventurar hoy qu√© curso tomar√° finalmente este proceso. La activaci√≥n de la preocupaci√≥n c√≠vica que reflejan las asambleas puede generar, como muchos de sus participantes esperan, nuevas fuerzas pol√≠ticas que reconstruyan la representaci√≥n que hoy est√° quebrada y le proporcione alternativas de reforma social y econ√≥mica a la menguada democracia argentina. Puede tambi√©n impulsar nuevas formas de participaci√≥n en el nivel de los gobiernos locales. Pero si se entregan a la radicalizaci√≥n sectaria s√≥lo producir√°n su propio aislamiento y la protesta urbana pasar√° a ser un nuevo dato de la declinaci√≥n argentina.

Mientras tanto, la crisis sigue su trabajo corrosivo, el gobierno de Duhalde se muestra cada d√≠a m√°s fr√°gil, sometido a la presi√≥n abierta de lobbies poderosos y al hostigamiento de los caudillos provinciales del peronismo. El llamado Di√°logo Argentino, convocado por el presidente con el auspicio de la Iglesia Cat√≥lica y la asistencia t√©cnica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, s√≥lo ha producido, despu√©s de un mes y medio de deliberaciones con pr√°cticamente todos los actores posibles, sociales y pol√≠ticos, un documento en que llama a anteponer el bien com√ļn a todo inter√©s individual o corporativo. Todo, pues, est√° a√ļn por resolverse.


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Carlos W. Altamirano, professor da Universidade Nacional de Quilmes, na Argentina, é especialista em história das idéias das elites argentinas nos séculos XIX e XX.

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Notas

[1] Susana Viau, "El futuro es un cristal turbio", P√°gina 12, 10/2/02.

[2] Clarín, 20/12/01

[3] Susana Torrado, Estructura social de la Argentina: 1945-1983, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1992.

[4] Gino Germani, Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico (1956), Buenos Aires, Solar, 1987, pp. 221-225.

[5] Susana Torrado, op. cit.

[6] Maristella Svampa, Los que ganaron. La vida privada en los countries y barrios privados, Buenos Aires, Biblos, 2001, pp.33-41.

[7] Seg√ļn un sondeo de la encuestadora Analog√≠as (1.500 casos en todo el pa√≠s, entre el 12 y el 18 de febrero) la mayor√≠a de quienes asisten a los cacerolazos son personas de nivel socio-econ√≥mico alto que han quedado atrapadas en el corralito. No es f√°cil evaluar este dato, consignado por el diario Clar√≠n ( 24/2/02), al ignorar c√≥mo construye sus categor√≠as la mencionada encuestadora.

[8] "Los que participamos de las reuniones barriales recuperamos el espacio p√ļblico y la palabra. Hay hombres y mujeres de 60 a√Īos o m√°s que participan en una asamblea por primera vez. Ellos tienen muchas cosas que decir, broncas para sacar afuera, sentimientos desprolijos que salen a borbotones, miedos muy justificados". Declaraci√≥n de un vecino asamble√≠sta, en Luis Grus, "Democracia al aire libre", Revista. La Naci√≥n, 10/2/02.



Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil.

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