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Cincuenta a√Īos despu√©s de la victoria de Salvador Allende

Joan del Alcàzar - Setembro 2020
 


Fue el 4 de septiembre de 1970 cuando Salvador Allende, al frente de la Unidad Popular (UP), ganó las elecciones presidenciales chilenas. Se cumple ahora medio siglo de aquel acontecimiento en el que una coalición de izquierdas, que incluía a los comunistas, obtuvo en las urnas el poder presidencial. Resultó especialmente llamativo que el suceso se hubiera producido en una región - América Latina - inequívocamente dominada por Washington, en un mundo dividido en dos bloques irreconciliables. Era la Guerra Fría, en la que los Estados Unidos y la Unión Soviética pugnaban por controlar el planeta.

Hac√≠a apenas 11 a√Īos que Cuba hab√≠a culminado una revoluci√≥n que pronto dej√≥ de ser lo que parec√≠a, simplemente nacionalista y casi rom√°ntica, para alinearse entusiasmada con Mosc√ļ ante los ojos at√≥nitos de la Administraci√≥n Eisenhower. El siguiente presidente estadounidense, John F. Kennedy, tuvo que afrontar el fracaso de la invasi√≥n contra-revolucionaria de Playa Gir√≥n (o Bah√≠a de Cochinos), urdida por el gobierno anterior, y la m√°s grave y extremada tensi√≥n que vivir√≠an las dos superpotencias: la llamada Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, causada por las rampas para cohetes que el Pent√°gono detect√≥ que los sovi√©ticos estaban instalando en la isla caribe√Īa. Las dos superpotencias estuvieron en aquellos d√≠as - como nunca antes ni despu√©s - al borde del conflicto nuclear, lo que hubiera tenido unas consecuencias dantescas.

Desde entonces, los Estados Unidos se prometieron que no habr√≠a m√°s Cubas en Am√©rica Latina. As√≠ pues, ante la situaci√≥n pol√≠tica en Chile hicieron todo lo que pudieron para evitar la victoria de Allende y la UP. No lo consiguieron, pero no cejaron nunca en su empe√Īo de hacerle la vida imposible al nuevo mandatario y a su gobierno. Adem√°s de aquella conocida sentencia del Secretario de Estado Kissinger de que no iban a permanecer impasibles ante un pueblo irresponsable (el chileno) que hab√≠a decidido hacerse comunista, el testimonio de Edward Korry, a la saz√≥n embajador estadounidense en Santiago, nos inform√≥ del enorme temor que inspiraba al gobierno de Richard Nixon el hipot√©tico establecimiento de un eje La Habana/Santiago.

El 11 de septiembre de 1973, tan solo mil cien días después de vencer en las urnas, Salvador Allende se suicidaba en la sede de la presidencia, el Palacio de la Moneda, que tras ser impunemente bombardeado por cazas de la Fuerza Aérea estaba sitiado por carros de combate. Al mando de aquel golpe militar apareció el general Augusto Pinochet. Comenzaba una larga, cruenta y cruel dictadura que duraría hasta 1990, aunque todavía hoy se percibe parte de su herencia. El llamado modelo [capitalista] chileno, implantado por la dictadura y sacramentado en la Constitución de 1980, mantiene todavía aristas durísimas que, en especial desde octubre de 2019, está siendo seriamente cuestionado.

Cincuenta a√Īos despu√©s, aquella victoria electoral y el proceso que abri√≥, la llegada al poder de un gobierno que pretend√≠a desarrollar la llamada V√≠a chilena al Socialismo todav√≠a es objeto de an√°lisis y debates acad√©micos y pol√≠ticos. Sus impulsores trataban de transformar la sociedad de forma pac√≠fica hasta llegar al socialismo, pero desde el respeto a las instituciones y sin salirse del marco constitucional. Para quienes votaron por Allende, se trataba de materializar un sue√Īo: "construir un Chile bien diferente" [como cantaba Inti Illimani]; para los otros, y eran muchos, hab√≠a comenzado de una pesadilla.

Conviene recordar que el triunfo de Allende había sido muy ajustado: un 36.2 por ciento para la UP, un 34.9 para la derecha de Alessandri y un 27.8 para el centro de Tomic, candidato de la Democracia Cristiana. La Vía chilena al Socialismo había nacido, pues, electoralmente frágil, y contaba con la oposición de más del 62 por ciento de los votantes.

Por supuesto que el futuro no estaba escrito, pero el escenario para Allende y su gobierno era de una dificultad extrema: el mundo se encontraba fracturado en dos por la Guerra Fría, lo que era especialmente explícito en América Latina; contaba solo con el apoyo de poco más de un tercio del electorado; hubo de enfrentar poderosos ataques desde dentro de Chile; además, el nuevo presidente constató tempranamente importantes desavenencias, tácticas y estratégicas, entre los socios de la propia Unidad Popular.

Allende afirmaba p√ļblicamente que su objetivo era que Chile fuera como Cuba, solo que pretend√≠a alcanzar esa meta pac√≠ficamente, sin recurrir a la lucha armada. Por razones completamente distintas, ni sus opositores ni una porci√≥n de sus partidarios se cre√≠an ese discurso, por lo que la polarizaci√≥n pol√≠tica interna del pa√≠s fue cada vez mayor. Desde el exterior, de Washington al Vaticano, pasando por B√©lgica, se torpede√≥ de manera perseverante el proyecto que Salvador Allende pretend√≠a desarrollar. La ciudadan√≠a se polariz√≥ cada vez m√°s, a favor y en contra de la V√≠a chilena al socialismo. Especialmente durante y despu√©s de la ins√≥lita y largu√≠sima visita que Fidel Castro realiz√≥ en noviembre de 1971.

Menos de dos a√Īos despu√©s, el 11 de septiembre de 1973, los militares sacaron las tropas a las calles, impusieron una Junta de Gobierno Militar comandada por Augusto Pinochet, y comenzaron una dur√≠sima represi√≥n contra los afines a Allende y a la UP. Se trataba de una de las dictaduras llamadas de Seguridad Nacional, como otras en Am√©rica Latina. Estas part√≠an de la premisa de la existencia de un enemigo interior ("los comunistas", una etiqueta que se adjudicaba a cualquier opositor a los gobiernos militares) al que hab√≠a que detectar y neutralizar a cualquier precio.

El proceso político chileno, tan abrupta como ferozmente abortado, tuvo importantes consecuencias políticas de alcance internacional, particularmente para la izquierda política. La interpretación que se dio al fracaso o la derrota de la Unidad Popular - con ambas categorías se ha analizado la Vía chilena - fue variada: las más simples por acríticas, la de los soviéticos o la de los castristas; la más compleja y novedosa, la de los comunistas italianos.

Lo ocurrido con la Unidad Popular motivó diversos artículos de Enrico Berlinguer, Secretario General del PCI en 1973, publicados en la revista teórica del Partido [Reflexiones sobre Italia tras los hechos de Chile]. De allí surgirán dos líneas de trabajo político que resultaron fundamentales para la izquierda europea: el Compromesso Storico que proponía una colaboración orgánica especialmente con la Democracia Cristiana, y lo que pronto se llamaría el Eurocomunismo.

Ambas propuestas partían de una nueva lectura del concepto de democracia novedosa para la izquierda política europea, que siempre la había adjetivado con intención peyorativa como parlamentaria, burguesa, liberal, etc. Ahora se pretendía asegurar la fortaleza del llamado Estado del Bienestar, instaurado en Europa tras la II Guerra Mundial, el que había conformado un nuevo escenario de progreso económico y social para los sectores populares. Además, visto lo ocurrido en Chile, los comunistas italianos proponían ir más allá de las estrechas y frágiles mayorías parlamentarias para conseguir el máximo consenso posible en torno a las instituciones democráticas y, a través de una política de reformismo fuerte, cerrarle el espacio al autoritarismo y a las políticas reaccionarias.

La nueva l√≠nea se expandi√≥ hacia los pa√≠ses del sur de Europa ya en 1975, cuando el PCI y el PCE hicieron una declaraci√≥n sobre la construcci√≥n del socialismo que -aseguraban - deb√≠a realizarse en paz y libertad. Poco despu√©s, en marzo de 1977, el Eurocomunismo se oficializ√≥ cuando los secretarios generales del PCI [E. Berlinguer], del PCE [S. Carrillo] y del PCF [G. Marchais] se reunieron en Madrid y presentaron las l√≠neas maestras de la flamante posici√≥n pol√≠tica com√ļn.

Es verdad que ni el Compromiso Histórico ni el Eurocomunismo cuajaron como se esperaba, pero eso no tuvo relación alguna con Chile. Lo cierto, sin embargo, es que tanto la nueva concepción de la democracia, como la necesidad de construir mayorías amplias se convirtieron de forma irreversible en planteamientos estratégicos para buena parte de la izquierda política europea, y esta si fue una clarísima consecuencia de la lectura que se hizo del proceso político auspiciado por Salvador Allende y la Unidad Popular.

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Joan del Alc√†zar es catedr√°tico de historia contempor√°nea de la Universitat de Val√®ncia. Su √ļltimo libro es Pol√≠tica y utop√≠a en Am√©rica Latina. Las izquierdas en su lucha por un mundo nuevo (Tirant, 2019). En 1998 fue Perito de la Acusaci√≥n ante la Audiencia Nacional de Espa√Īa, en el Sumario 19/97 Terrorismo y Genocidio "Chile-Operativo C√≥ndor", que instru√≠a el juez Baltasar Garz√≥n contra Augusto Pinochet Ugarte y otros por genocidio, terrorismo y torturas.

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Fonte: Infolibre & Gramsci e o Brasil.

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