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Aproximaciones de Sacrist√°n a la obra de Gramsci

Salvador López Arnal - Junho 2006
 

[...] puede tal vez se√Īalarse alg√ļn importante problema pendiente en el pensamiento socialista contempor√°neo, problema identificado y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto en ella, probablemente porque todo aut√©ntico pensador descubre problemas m√°s all√° de sus soluciones.

Manuel Sacristán Luzón (1967)

Gramsci ha sido, con interesante paradoja, un característico "filósofo de la práctica" y, al mismo tiempo, el clásico marxista más capaz de contemplación. Contemplación del mundo exterior y del interior.

Manuel Sacristán Luzón (1977)

Junto con José Mª Laso, Jordi Solé Tura y Francisco Fernández Buey, Manuel Sacristán (1925-1985) ha sido uno de los primeros y principales introductores del pensamiento del revolucionario sardo no sólo en nuestro país sino también en el ámbito hispanoamericano (recordemos la publicación de su Antología de Gramsci por Siglo XXI, en México, en 1970). Junto con Lukács y los dos grandes clásicos de la tradición, Gramsci ha sido uno de los pensadores marxistas que más ha influido en Sacristán: en su concepción de la propia tradición marxista, en su noción del intelectual comunista, en su compromiso militante, en la importancia que para su acción y su pensamiento político han tenido categorías como hegemonía, guerra de posiciones o bloque histórico, e incluso en su misma noción de la filosofía y del filosofar, sin olvidar, claro está, la profunda identificación de Sacristán con el hacer, con la vida, con la dignidad y resistencia militante, de alguien al que consideró un clásico y un revolucionario sin sombras.

La primera aproximaci√≥n de Sacrist√°n a Gramsci puede verse en la entrada "Filosof√≠a", publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa (actualmente recogida en el segundo volumen de Panfletos y materiales: Papeles de filosof√≠a, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219). En el apartado "Algunas personalidades destacadas", Sacrist√°n incluy√≥ a J. D. Bernal, Mao Tse-tung y Antonio Gramsci. A este √ļltimo dedic√≥ las p√°ginas 182-192. A este trabajo inicial, hay que sumar "La formaci√≥n del marxismo de Gramsci" (1967) (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona 1983, pp. 62-84), inicialmente publicado en Realidad y Nous horitzons; la voz del Diccionario de Filosof√≠a editado por Dagobert Runes, y cuya traducci√≥n Sacrist√°n coordin√≥: "Gramsci, Antonio" (1969) (recogida ahora en Papeles de filosof√≠a, op. cit., pp. 414-416), su Antolog√≠a (M√©xico: Siglo XXI, 1970), en la que destaca no s√≥lo la magn√≠fica selecci√≥n realizada, sino su sustantiva advertencia inicial, sus tablas cronol√≥gicas y sus imprescindibles notas de traductor, y el que fuera uno de sus √ļltimos escritos de mayo de 1985: "El und√©cimo cuaderno de Gramsci en la c√°rcel", presentaci√≥n de la traducci√≥n castellana de Miguel Candel de Antonio Gramsci, Introducci√≥n al estudio de la filosof√≠a. Barcelona: Cr√≠tica, 1985 (reimpresa en Pacifismo, ecolog√≠a y pol√≠tica alternativa. Barcelona: Icaria 1987, ed. de Juan-Ram√≥n Capella, pp. 184-206).

Después del fallecimiento de Sacristán, Albert Domingo Curto ha transcrito, editado y presentado la introducción interrumpida de su Antología para Siglo XXI con el título El orden y el tiempo, Madrid: Trotta, 1998. Es obligado reconocer el magnífico trabajo realizado por Domingo Curto, así como el documentado texto que abre su edición: "A modo de presentación" (pp. 9-44).

Hay además, en tres entrevistas a Sacristán, interesantes aproximaciones a la obra de Gramsci: en la de 1977, para Diario de Barcelona: "Gramsci es un clásico, no es una moda"; en la de 1979 para El Viejo Topo, editada póstumamente, realizada por Jordi Guiu y Antoni Munné (ambas han sido recogidas en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los Libros de la Catarata, Madrid 2004, pp. 81-90 y 91-114, respectivamente, edición de Francisco Fernández Buey y de Salvador López Arnal) y en la de 1979 para Nous Horitzons (ahora recogida en Intervenciones políticas, Icaria, Barcelona 1985, pp. 280-283) donde Sacristán da cuenta de la importancia del programa gramsciano en el consejo de redacción de la revista.

En el fondo de Reserva de la Universidad de Barcelona, puede consultarse además un cuaderno "Gramsci" que contiene interesantes anotaciones de lectura sobre la mayoría de los escritos del autor italiano, al igual que el esquema detallado de una conferencia de mayo de 1977, impartida en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona con ocasión de la conmemoración del XL aniversario de la muerte de Gramsci.

En uno de estos cuadernos all√≠ depositados, puede verse una nota autobiogr√°fica de finales de los sesenta en la que se lee: "[...] Durante un cierto tiempo, la vida de mis rentas cient√≠ficas fue soportable porque, gracias a la ausencia de perplejidad hist√≥rica, o sea, gracias a la convicci√≥n de estar reflejando realidad, me era al menos posible conseguir formulaciones generales que implicaban un programa o un objetivo pol√≠tico-cultural y de pol√≠tica filos√≥fica. Una pieza t√≠pica de esa situaci√≥n es el pr√≥logo al Anti-D√ľhring. A√Īos antes lo hab√≠a sido el pr√≥logo a Revoluci√≥n en Espa√Īa. El mismo pr√≥logo al Heine tiene ese elemento (M.S., profesi√≥n traductor, prologuista). El estudio de Gramsci empez√≥ todav√≠a dentro de esa constelaci√≥n. Pero es posible que durante ese estudio empezara a desarroll√°rseme la perplejidad deprimente sobre el destino del movimiento socialista".

La breve antolog√≠a que aqu√≠ se presenta no puede sino dejar insatisfecho al lector y al propio ant√≥logo, y pide (incluso exige con cortes√≠a) la lectura atenta y completa de los diversos textos de Sacrist√°n. Los fragmentos aqu√≠ seleccionados se presentan divididos en los apartados siguientes: I. Su Gramsci, las consideraciones centrales de su aproximaci√≥n. II. Vida: obra y acci√≥n, especialmente los a√Īos de encarcelamiento. III. Escritos: b√°sicamente, sus escritos juveniles y los Cuadernos de la c√°rcel. IV. Conceptos gramscianos: bloque hist√≥rico, centro de anudamiento, filosof√≠a de la pr√°ctica, consejos obreros. V. Matices, es decir, algunas reflexiones cr√≠ticas, y, finalmente, VI. Empat√≠a, donde se muestra la profunda identificaci√≥n, no s√≥lo intelectual, de Sacrist√°n con el fil√≥sofo y dirigente italiano.

Al final de cada apartado, se dan las referencias correspondientes.

I. Su Gramsci

1. [...] Gramsci es un clásico, o sea, un autor que tiene derecho a no estar de moda nunca, y a ser leído siempre. Y por todos. Nadie tiene derecho a meterse un clásico en el depósito del coche...

2. La mejor manera de evitar las parcialidades monogr√°ficas o pol√©micas en la consideraci√≥n de la vida y la obra de Gramsci consiste en satisfacer respecto de ellas el criterio que √©l declar√≥ obligado para la comprensi√≥n de un hombre y de su obra: "la b√ļsqueda del leit-motiv, del ritmo del pensamiento en desarrollo, tiene que ser m√°s importante que las afirmaciones casuales y los aforismos sueltos". Las varias dificultades que se oponen a esa tarea no impiden ver como motivo rector del pensamiento y la pr√°ctica del fundador de L¬īOrdine Nuovo el problema del orden de la vida de los hombres, el tema de la caducidad del orden viejo, y el de los tiempos con y en que puede aparecer el orden nuevo. Lo que ocurre es que no se podr√° esperar de un hombre cuyo m√©todo de pensar y de hacer ha sido la autocr√≠tica perenne -y expresa, adem√°s, en un escribir entrecortado y disperso por la brutalidad de las cosas, por el desorden del "orden" capitalista en su dilatada crisis - ninguna exposici√≥n inmutada y sistem√°tica de los logros intelectuales y pr√°cticos que haya arrancado al leitmotiv de su vida, sino m√°s bien los sucesivos frutos, a veces org√°nicamente contradictorios, de su forcejeo con aquella problem√°tica.

3. Las personas viven en su √©poca: por eso resultan cursis las presentaciones de Gramsci con halo de novela rosa pol√≠tica, como un iluminado que, en cuestiones de organizaci√≥n pol√≠tica, hubiera anticipado en 30 a√Īos y superado incluso el XX Congreso del PCUS.

4. Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estéril no suele ser la aceptación veraz de los problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca ante una cuestión irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que ha crecido).

5. Del mismo modo que Marx no ha sido ni economista, ni historiador, ni filósofo, ni organizador, aunque aspectos de su "obra" se puedan catalogar académicamente como economía, historia, filosofía, organización político-social, así tampoco es Gramsci un crítico literario, un crítico de la cultura, un filósofo o un teórico político. Y del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario -aquella "unión del movimiento obrero con la ciencia"- que reduce las divisiones especiales a la función de meras perspectivas de análisis provisional, así también ofrece explícitamente la obra de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la "obra" íntegra para entenderla: es la noción de práctica, integradora de todos los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta.

En el caso de Gramsci la conveniencia de acentuar la unidad pr√°ctica de la "obra" parece obvia, porque las publicaciones antol√≥gicas en lengua castellana no se han beneficiado casi hasta ahora [1969] de la disponibilidad, desde hace a√Īos, de numerosos escritos pol√≠ticos juveniles en los que se manifiesta inequ√≠vocamente la ra√≠z de todo el hacer de Gramsci.

6. Yo no veo que en 1924 Gramsci tuviera ya en claro que el enemigo principal e inmediato fuera el fascismo. Creo que por esa fecha, aunque ya hab√≠a comprendido que la revoluci√≥n no estaba al alcance de la mano, segu√≠a pensando en el fascismo como en cosa pasajera y no muy diferente de otras formas de dominaci√≥n capitalista. No me parece que Gramsci haya podido rectificar ese euf√≥rico error de la III Internacional antes de su prisi√≥n. En cambio, s√≠ que lo ten√≠a corregido en 1928, cuando el VI Congreso de la Internacional exacerb√≥ ese error hasta lo catastr√≥fico. √Čse es el momento en que cuaja, en mi opini√≥n, su mayor aportaci√≥n: la explicaci√≥n de la dificultad de la revoluci√≥n en Occidente. El hecho mismo ya lo hab√≠an visto otros, principalmente Trotski y Lenin. Pero Gramsci coloca ese hecho en el centro de su reflexi√≥n, y descubre en √©l la vital complejidad del estado por as√≠ decirlo occidental, o sea, del estado capitalista que vive ya sobre base propiamente capitalista, arraigado en una sociedad que no tiene ya con √©l m√°s contradicciones que las org√°nicas a ese modo de producci√≥n. Dej√©moslo en eso: me parece mejor mejor subrayar ese punto central que recitar una lista de m√©ritos de Gramsci sin que nos podamos detener ante ninguno de ellos.

7. [...] No pretendíamos elaborar teorías. No en lo político, por las mismas razones que expuso para sí mismo Althusser, de manera inolvidable, en el prólogo al Pour Marx: la literatura política se nos aparecía en aquella época a los comunistas sólo como exposición de los clásicos para formación de militantes o como fundamentación, comentario y propaganda de la política del partido. Y tampoco teoría especulativa, porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía ni de los assenyats catalanes de la redacción ni de los no catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica, para especular.

En cambio, sí que se aspiraba a elaborar y comprender realidad con la teoría disponible y con la crítica. Mucha realidad, toda la posible, igual la básica que la más sofisticada. Quizá parezca ridículo a la vista de los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de Horitzons en el interior quiso practicar desde el principio un programa gramsciano, un programa de crónica crítica de la vida cotidiana entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real. Este no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera, permitió a Nous Horitzons algunos aciertos que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática.

Referencias

1. "Entrevista con Diario de Barcelona", De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit, p. 87 ; 2. El orden y el tiempo, op. cit., pp. 86-87; 3. "La formación del marxismo en Gramsci", Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 70 (nota 7); 4. Ibídem, p. 73; 5. "Advertencia", Antonio Gramsci, Antología, p. XIII; 6. "Entrevista con Diario de Barcelona", De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 84-85; 7. "Entrevista con Nous Horitzons", Intervenciones políticas, op. cit, p. 282.

II. Vida: obra y acción

1. Esas y otras contradicciones de la obra y el hacer de Gramsci se resuelven org√°nicamente en la totalizaci√≥n de la una y el otro en su vida. No en el sentido de que la biograf√≠a sea el m√©todo adecuado para su comprensi√≥n. Aparte de que probablemente no lo sea para el pleno entendimiento de ninguna obra, parece, adem√°s, que la biograf√≠a en sentido tradicional tiene escaso inter√©s para la comprensi√≥n de la obra y la acci√≥n de Gramsci, y hasta, parad√≥jicamente, para la comprensi√≥n de su vida. Pues se trata de la vida de un pensador y pr√°ctico de la lucha pol√≠tica, de un hombre que fund√≥ el sentido de su vida y las motivaciones de su consciencia en realidades extraindividuales, con lo cual, por cierto, no hac√≠a m√°s que aplicarse a s√≠ mismo su propia concepci√≥n hist√≥rico-social y pol√≠tica de la persona. La clave de la comprensi√≥n de los escritos y el hacer de Gramsci, en su variedad y en sus contradicciones, no es, pues la biograf√≠a individual, pero s√≠ la totalizaci√≥n quasi-biogr√°fica de numerosos momentos objetivos y subjetivos en el fragmento de historia de Italia, historia de Europa e historia del movimiento obrero cuyo "anudamiento" bajo una consciencia esforzada pudri√≥ el "centro" que fue Antonio Gramsci. En la organicidad de esa vida as√≠ entendida -no como oscura intimidad aislada, sino como l√≠nea recorrida por el "centro de anudamiento" de innumerables referencias objetivas- el preso, derrotado y moribundo Gramsci consider√≥ no s√≥lo resueltas, sino incluso salvadas las contradicciones, los sufrimientos, las cat√°strofes de su existencia. Lo ha hecho as√≠ impl√≠citamente en sus m√ļltiples negativas a capitular pidiendo gracia a Mussolini, a pesar de su grave estado; y lo hab√≠a dicho antes expl√≠citamente, a√Īadiendo incluso una explicaci√≥n, a su autoafirmaci√≥n moral: la salvaci√≥n por el "instinto de la rebeli√≥n".

2. Si, pues -entre la primavera de 1922 y alguna fecha imposible de precisar, pero situada sin duda ente el oto√Īo y el invierno de 1923-, Gramsci ha depuesto definitivamente su "inercia" pol√≠tica, ello ha de explicarse por la resoluci√≥n de una nueva inflexi√≥n de su vida, en la cual han cambiado el orden proyectado y el tiempo de √©sta, el ritmo de su acci√≥n. La causa que desencadena el proceso es una decisi√≥n del II Congreso del PCdI, que nombra a Gramsci representante del partido cerca de la Internacional Comunista (El Congreso ratificaba el Comit√© Ejecutivo anterior, todo √©l del grupo Bordiga, menos Terracini.) El 26 de mayo sal√≠a Gramsci para Mosc√ļ, acompa√Īado por la delegaci√≥n italiana a la II Conferencia del Ejecutivo ampliado de la IC: Bordiga, Gennari, Graziadei y Ambrogi. En Mosc√ļ iba a tener Gramsci las dos experiencias de las que arranca su acm√©: el conocimiento directo de la Internacional y la relaci√≥n con Julia Schucht.

3. Cronolog√≠a: √ļltimos a√Īos:

1927. El Tribunal Militar dicta mandato de detenci√≥n contra AG. Ingreso de AG en la c√°rcel de San Vittore, de Mil√°n. AG sufre insomnio; no duerme m√°s de tres horas diarias. AG recibe visitas de su hermano Mario y de Piero Sraffa. AG pide libros de temas sardo y el Breviario di neoling√ľ√≠stica de Bertoni y Bartoli.

1928. Las autoridades rechazan una solicitud de autorizaci√≥n para escribir, presentada por AG. Auto de procesamiento contra AG. AG ingresa en la c√°rcel de Regina Coeli, de Roma, en la misma celda que los coimputados Terracini y Scoccimarro. Vista de la causa contra la direcci√≥n comunista ante el tribunal especial. Veintid√≥s acusados. Terracini: veintid√≥s a√Īos, nueve meses, cinco d√≠as. Gramsci y Scoccimarro: veinte a√Īos, cuatro meses, cinco d√≠as. Informe m√©dico oficial sobre AG al Ministerio de Justicia: "Periodontitis expulsiva debida a trastornos ur√©micos y a un ligero agotamiento nervioso". Salida de AG para la c√°rcel de Turi (Bari). Llegada Turi en estado grave. Registro con el n√ļmero 7.047. Trato amenazador del m√©dico de la c√°rcel, Cisternino. AG, en celda individual. AG sufre un ataque de uremia que le impedir√° andar durante tres meses. Tatiana Schucht acude a Turi.

1929. AG consigue autorizaci√≥n para escribir en la celda. Segundo plan de estudios de Gramsci. AG sistematiza y resume el plan de estudios del 9-II. La salud de AG empeora. Incapacidad de ingerir, dolores de cabeza y de ri√Ī√≥n. Visita de su hermano Carlo Gramsci.

1930. Visita comprobada de Gennaro Gramsci a Antonio. Nueva visita de Tatiana Schucht. AG se beneficia de un indulto de un a√Īo, cuatro meses y cinco d√≠as. AG tiene noticia de que Julia Schucht est√° internada en un sanatorio. Primer v√≥mito de sangre de A.G. AG empeora y es ya incapaz de masticar. Intensa crisis f√≠sica y nerviosa de AG. Los presos comunistas de Turi proyectan un curso a la hora del paseo. Se suspende por roces entre Gramsci y otros.

1931. Visita de Carlo Gramsci. IV Congreso del P.C. d¬īI, celebrado entre Colonia y D√ľsseldorf. Se mandan noticias a AG escritas en tinta simp√°tica, en una revista inglesa. Seg√ļn testimonios de un posterior expulsado del P.C. d¬īI., Gramsci no se muestra de acuerdo. La informaci√≥n es probablemente verdadera, porque por otros indicios se ve a Gramsci elaborando ya una pol√≠tica de amplias alianzas con el objetivo primero democr√°tico de la "Asamblea Constituyente". AG recibe obras de Marx en la ed. Costes y art√≠culos del Economist sobre el Primer Plan quinquenal sovi√©tico. En carta a Tatiana Schucht: "Como dicen en Cerde√Īa, doy vueltas por la celda como una mosca que no sabe d√≥nde caerse muerta". A la una hora (3.VIII), v√≥mito de sangre. Carlo Gramsci y Piero Sraffa acuden a Turi, pero el √ļltimo no consigue autorizaci√≥n para ver a AG. Dirige una carta a Mussolini reclamando se fijen las lecturas autorizadas. Carta a Tatiana Schucht pidiendo cuadernos peque√Īos. AG acusa recibo de los cuadernos peque√Īos.

1932. AG dice a Tatiana Schucht que est√° escribiendo unas notas sobre los intelectuales italianos. Visita de Carlo Gramsci. Perspectivas de un intercambio de A.G. por cl√©rigos que se encuentran en la U.R.S.S. AG sufre dolores en el pecho. En carta a Tatiana Schucht: "El conjunto de la existencia se hace insoportable". Tatiana presenta una instancia de revisi√≥n m√©dica en favor de AG. La celebraci√≥n de los diez a√Īos de fascismo reduce la pena de AG a doce a√Īos, cuatro meses. Eso permite a Piero Sraffa pedir la libertad condicional para Gramsci. Pero el r√©gimen exige una petici√≥n de gracia. Gramsci se niega y el r√©gimen le impone incomunicaci√≥n (que los dem√°s presos consiguen burlar, manteniendo el contacto con √©l). Muerte de la madre de AG (√©ste la ignor√≥ hasta su muerte).

1933. AG sin dientes, padece insomnios, trastornos digestivos, tuberculosis pulmonar, arteriosclerosis, mal de Pott y abscesos. La dirección de la cárcel revoca la autorización para escribir. El camarada de Gramsci, Gustavo Trombetti, se instala en su celda para velarle. Visita del doctor Umberto Arcangeli, enviado por Tatiana Schucht una vez conseguida la autorización. Arcangeli establece el diagnóstico verdadero. Tatiana solicita el traslado de AG a una clínica. El gobierno admite la instancia de traslado a la clínica. Al mismo tiempo el Tribunal especial rechaza el recurso sobre libertad condicional. Traslado de AG a la clínica del doctor Cusumano, en Formia.

1934. El profesor Puccinelli, de Roma, visita AG. En el extranjero arrecia la campa√Īa por la libertad de AG. Romain Rolland publica su folleto. Pacto de unidad de acci√≥n entre el PCI y el PSI. AG consigue la libertad provisional sin cambio en su situaci√≥n material (Decreto del 25-X).

1935. Nueva crisis de la salud de Gramsci. Traslado de Gramsci a la clínica Quisisana de Roma. El 24/25 llega Tatiana Schucht, Carlo Gramsci y Piero Sraffa. Presunta, pero hoy discutida, interrupción definitiva de los Cuadernos de Gramsci. El PCI presenta el programa de la Asamblea Constituyente.

1937: 21.IV: Gramsci cumple condena. 25.IV: Gramsci sufre una hemorragia cerebral. 27.IV: Dieciséis horas: muerte de Antonio Gramsci.

Referencias

1. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 87-88; 2. Ibídem, pp. 162-163; 3. Tablas y datos de Antología, op. cit.

III. Escritos

1. El joven Gramsci

[...] Acaso por la urgencia period√≠stica con que escribe, y tambi√©n sin duda por la influencia de aquellos "burgueses aut√©nticos como Garofalo y Croce" que han "impreso huellas imborrables" en el "desarrollo doctrinal del marxismo" (A 20-VII-1916, SM [Sotto la Mole] 203), Gramsci no puede a√ļn seguir por aquella v√≠a y resuelve por lo general su problema con Marx en esa √©poca mediante mezclas sin sintetizar del principio revolucionario-idealista y el "saber" hist√≥rico-econ√≥mico de Marx. Un texto de 1915 (IGP 13-XI, SG 7) -escrito, por cierto, para comentar el Congreso de aquel a√Īo del Partido Socialista Obrero Espa√Īol-, es caracter√≠stico de la situaci√≥n general del pensamiento de Gramsci en la √©poca: "Para nosotros la Internacional es un acto del esp√≠ritu, es el conocimiento que tienen (cuando lo tienen) los proletarios de todo el mundo de que constituyen una unidad, un haz de fuerzas concordemente orientado, dentro de la variedad de las entidades nacionales, hacia una finalidad com√ļn, la sustituci√≥n del factor capital por el factor producci√≥n en el dinamismo de la historia, la irrupci√≥n violenta de la clase proletaria, hasta ahora sin historia o con historia s√≥lo potencial, en el enorme movimiento que produce la vida del mundo". La copresencia de conceptos econ√≥micos con una concepci√≥n de la historia tan idealista que estima fuera de √©sta a las masas an√≥nimas es realmente dif√≠cil y chirriante.

Cuando, al final de este per√≠odo juvenil, Gramsci vuelve a tomar la f√≥rmula interpretativa crociana para intentar definirse ante s√≠ mismo su lectura de Marx, llega tambi√©n a una combinaci√≥n mec√°nica; Marx habr√≠a ense√Īado un determinismo hist√≥rico respecto del pasado, pero el hecho de que creara un movimiento revolucionario indicar√≠a que no lo estimaba as√≠ para el futuro. En 1916 (A 22-V, SM 148) Gramsci se atiene a esa d√©bil, adial√©ctica paradoja de "la historia, de la cual somos criaturas por lo que hace al pasado y creadores por lo que hace al porvenir".

Gramsci ha nacido al socialismo sobre la base de la realidad por √©l conocida -la miseria rural y minera sarda- y de la inspiraci√≥n culta de unos intelectuales -Croce, Salvemini, Gentile, Bergson, etc.- que no son ni dirigentes obreros ni intelectuales marxistas, sino "senadores", "burgueses aut√©nticos", como dice √©l mismo. El positivismo mecanicista, economicista y antirrevolucionario de la interpretaci√≥n socialdem√≥crata de Max le refuerza la tendencia idealista. M√°s tarde, el trato con dirigentes obreros e intelectuales marxistas en Tur√≠n le hace sentir la necesidad de entender a Marx de otro modo. El primer resultado del esfuerzo por conseguirlo es un compromiso tan mec√°nico como el pensamiento de los autores a los que se opone; Marx ser√≠a el cient√≠fico socialista que suministra "c√°nones" para la interpretaci√≥n del pasado. Pero no es el pensador del presente ni del futuro, porque, tal como lo ve la socialdemocracia, su pensamiento no es revolucionario, sino evolucionista, de expectativa: un dejar que act√ļen mec√°nicamente los factores interpretados por aquellos "c√°nones". Tal es la situaci√≥n del marxismo en el pensamiento de Gramsci -la de un mero magister vitae ex post- cuando la revoluci√≥n rusa de febrero y luego la de Octubre someten ese esquema una crisis.

2. Anotaciones sobre "Nuestro Marx"

"Il nostro Marx", IGP 4-V-1918. E; SG 217-221 [A, pp. 37-41]

Profundización del primer intento de solución de su problema con Marx.

El papel de la organizaci√≥n: criterio de marxismo. La cuesti√≥n "¬ŅSomos marxistas?" es necia oscuridad porque Marx no es un mes√≠as. Revelador como entiende "-ista".

*¬†"√önico imperativo categ√≥rico, √ļnica norma: 'Proletarios de todo el mundo, un√≠os' " (E 217). Aun m√°s revelador: para Gramsci Marx es el fundador del movimiento obrero organizado.

* Marx es la madurez [¬Ņdel movimiento obrero?] [¬ŅO de la tradici√≥n revolucionaria ideal√≠sticamente interpretada? M√°s esto]

* Recuerda que la época de Marx coincide con la polémica Spencer-Carlyle. Marx no es ni el místico Carlyle ni el positivista Spencer, "es un historiador, es un intérprete de los documentos del pasado, de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos" (E 218; A, p.38).

* Esa "totalidad de los documentos" va a ser la clave de la interpretación: 1) Defecto de las historias es la falta de esa totalidad. 2) Por lo que el hombre se concebía como "espíritu, como consciencia pura" (E 218; A, p.38). Con el error de coger además ideas ficticias y hechos anecdóticos.

Texto central básico en cuanto a interpretación de Marx. Con una debilidad: no hay cuestión genética, no hay crítica marxiana de la ideología de primer grado. Luego Gramsci acaso no sea capaz de criticar más que la de segundo grado. Además, posible dualismo. Y con una fuerza: no hay mecanicismo ni economicismo: "Con Marx la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos sueltos y asociados. Pero las ideas, el espíritu, se sustancian, pierden su arbitrariedad, dejan de ser ficticias abstracciones religiosas o sociológicas; su substancia está en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas o relaciones de producción de intercambio. La historia como acaecimiento es pura actividad práctica (económica y moral). Una idea se realiza no en cuanto lógicamente coherente con la verdad pura, con la humanidad pura (que no existe sino como programa, como fin general de los hombres), sino en cuanto encuentra en la realidad económica su justificación, el instrumento para afirmarse" (E 219; A, p.39).

* Eso produce la consciencia de la necesidad de la división en clases.

* Y voluntad de clase, que es organización.

* Inutilidad del adverbio "marxísticamente", que puede ser hasta equívoco (por los socialdemócratas, concluyentemente).

3. La revolución y El Capital

[...] En el artículo más importante y más célebre de este período Gramsci ha escrito la siguiente lapidaria afirmación. "La revolución de los bolcheviques está más hecha de ideología que de hechos (Por eso, en el fondo, importa poco saber más de lo que sabemos ahora.) Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx [...] Lo cierto es que lo esencial de su doctrina depende del idealismo filosófico y que en el desarrollo interior de esta doctrina se encuentra la corriente ideal en la cual confluye con adecuación histórica el movimiento proletario y socialista".

La √ļltima frase de este texto da la clave de su totalidad, pero permite tambi√©n adivinar la nueva problem√°tica que la doctrina de un socialismo revolucionario por idealista va a significar para Gramsci. Da la clave de toda esa doctrina porque muestra su motivaci√≥n: constituir la fundamentaci√≥n ideal de la voluntad revolucionaria, contrapuesta a la pasiva espera del cumplimiento, por alg√ļn mec√°nico deus ex machina, de las "previsiones" del materialismo hist√≥rico. Y permite ver el nuevo aspecto de la problem√°tica doctrinal de Gramsci porque la voluntad que positivamente ha realizado la revoluci√≥n "contra El Capital" no se ha movido en absoluto por consideraciones filos√≥ficamente idealistas, sino por una comprensi√≥n de los hechos que ella misma atribuye al an√°lisis marxiano [...] La prisa del hacer period√≠stico le obliga casi a simultanear, o alternar al menos, formulaciones en los dos sentidos, en el de la reafirmaci√≥n idealista y voluntarista, y en el de la reconsideraci√≥n de su lectura de Marx. As√≠, por ejemplo, entre los dos art√≠culos recordados, precisamente siete d√≠as despu√©s de la segunda edici√≥n de "La revoluci√≥n contra El Capital", Gramsci publica una nota interpretativa de la Revoluci√≥n de Octubre que le muestra sumido en una reflexi√≥n acerca del pensamiento de Marx bastante menos simple que su "renegarle" de la semana anterior: "La nueva generaci√≥n parece querer un regreso a la genuina doctrina de Marx, para la cual el hombre y la realidad, el instrumento de trabajo y la voluntad no est√°n separados, sino que se identifican en el acto hist√≥rico".

A eso siguen una versión mejorada de la idea del materialismo histórico como conjunto de "cánones" interpretativos y una conclusión digna de nota: los miembros de la "nueva generación" creen no que "la guerra ha destruido el materialismo histórico" al provocar una revolución contra El Capital, "sino que la guerra ha modificado las condiciones del ambiente histórico normal, por lo cual la voluntad social, colectiva de los hombres ha conseguido una importancia que no tenía normalmente" (Gramsci considera la "concentración" de los trabajadores de la ciudad y el campo "en las trincheras" que ha suplido la concentración "normal" en la gran industria). "Estas nuevas condiciones son, también ellas, hechos económicos, han dado a los sistemas de producción un carácter que no tenían antes", por ejemplo, con la estatificación transitoria de la industria bélica y pesada en general. "La educación del proletariado se ha adecuado a ello necesariamente y ha llevado en Rusia a la dictadura". Esa oscilación entre puntos de vista no aparece sólo en la alternancia de unos artículos que se suceden a escasa distancia de tiempo: ocurre incluso en un mismo artículo, y así documenta, con una claridad que sin duda el lector de hoy debe a la urgencia periodística de Gramsci, la situación de crisis del pensamiento socialista de éste. En el mismo artículo "La revolución contra El Capital" por ejemplo, a renglón seguido del cuadro de aquellos bolcheviques que renegaban de Carlos Marx, se lee: "Y, sin embargo, también en estos acontecimientos hay una fatalidad, y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones del Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador".

4. Cuadernos de la c√°rcel

A. Antonio Gramsci, el fil√≥sofo marxista m√°s importante de la Europa Occidental, es sobre todo conocido por su obra p√≥stuma [...]. Se trata de los treinta y dos Cuadernos de la c√°rcel, unas tres mil p√°ginas manuscritas (unas cuatro mil en la trascripci√≥n mecanogr√°fica), escritas en la prisi√≥n desde 1929 hasta 1935, poco antes de su muerte. Al quedar excluido de la vida pol√≠tica por su detenci√≥n, Gramsci se traza planes de estudio te√≥rico que intenta desarrollar a pesar de las naturales dificultades del r√©gimen carcelario, contra las cuales lucha tenazmente para conseguir material de estudio. Los editores del legado de Gramsci han recogido ejemplos de esa permanente tensi√≥n: en setiembre de 1930 el fil√≥sofo escribe al entonces jefe del gobierno italiano. "Para m√≠, que aun tengo que cumplir quince a√Īos de reclusi√≥n, se trata de una importante cuesti√≥n de principio: saber qu√© libros puedo leer". Ya esa circunstancia basta para explicar la abundancia de notas sueltas, citas de memoria, etc., en los Cuadernos de la c√°rcel aunque √©stos contienen tambi√©n estudios largos. pero toda la obra del fil√≥sofo queda estructurada por su finalidad: "determinar un renacimiento adecuado" del marxismo, "levantar esta concepci√≥n que, por las necesidades de la vida pr√°ctica, se ha venido "vulgarizando, a la altura que debe alcanzar para la soluci√≥n de las tareas m√°s complejas que propone el actual desarrollo de la lucha; es decir, levantarla a la creaci√≥n de una nueva cultura integral".

B. Los Cuadernos que escribi√≥ Antonio Gramsci en la c√°rcel de Turi (cerca de Bari, en la Apulia) entre 1929 y 1933 y luego en cl√≠nicas de Formia y Roma desde aquella fecha hasta 1935, o quiz√° algo m√°s tarde, fueron primeramente editados por Felice Platone, bajo la inspiraci√≥n y con la colaboraci√≥n de Palmiro Togliatti, a partir de 1948. Esa edici√≥n, que fue traducida al castellano en la Argentina, no reproduc√≠a los Cuadernos tal como son, sino que reagrupaba tem√°ticamente los trozos para conseguir vol√ļmenes relativamente monogr√°ficos. Eso hac√≠a, sin duda, m√°s f√°cil y agradable la lectura de los textos, pero alejaba de la real composici√≥n de los Cuadernos. En 1975 apareci√≥ la edici√≥n cr√≠tica de √©stos tal como fueron escritos. Dirigi√≥ la edici√≥n cr√≠tica Valentino Gerratana, persona particularmente capacitada para la tarea, no siempre f√°cil. De esta edici√≥n existe traducci√≥n castellana publicada por la editorial mexicana ERA.

El proceso de Gramsci, que termin√≥ con una condena a 20 a√Īos, 4 meses y 5 d√≠as de presidio, estaba destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele Isgr√≤: "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte a√Īos". Por eso los Cuadernos de la c√°rcel no valen s√≥lo por su contenido (con ser √©ste muy valioso), ni tampoco s√≥lo por su contenido y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen tambi√©n como s√≠mbolos de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresi√≥n, el aislamiento y la muerte que procuraban d√≠a tras d√≠a sus torturadores. El mismo m√©dico de la c√°rcel de Turi lleg√≥ a decir a Gramsci, con franqueza f√°cilmente valerosa, que su misi√≥n como m√©dico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que causaron pronto un estado patol√≥gico agudo Gramsci escribiera una obra no s√≥lo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino tambi√©n, y ante todo, rica en bondades intr√≠nsecas, es una haza√Īa inveros√≠mil, y los Cuadernos son un monumento a esa gesta.

Si no existieran en castellano varias antolog√≠as de textos de Gramsci, m√°s la edici√≥n completa mencionada, la edici√≥n de un cuaderno aislado tendr√≠a sus inconvenientes. Pero como Gramsci tiene ya cierta presencia en nuestra lengua, este volumen va a ofrecer la gran ventaja de permitir la lectura seguida de un texto coordinado de Gramsci con la continuidad y la unidad con las que √©l lo concibi√≥. Desde este punto de vista la elecci√≥n del cuaderno 11¬ļ es muy acertada, por su contenido y por el hecho de que es uno de los cuadernos menos retocados y corregidos por Gramsci. (La cr√≠tica gramsciana distingue tres estadios de redacci√≥n en el conjunto de los Cuadernos y en cada uno de ellos. Pero la distinci√≥n no tiene pr√°cticamente importancia para el cuaderno.)

C. El cuaderno 11¬ļ contiene escritos de madurez, en un sentido convencional y en el sentido, m√°s preciso, de que Gramsci lo emprende inmediatamente despu√©s de su segunda hemoptisis, la que le llev√≥ al borde de la capitulaci√≥n. El asunto principal del cuaderno es el desarrollo de una visi√≥n filos√≥fica marxista, o de "filosof√≠a de la pr√°ctica" al hilo de una cr√≠tica del libro de Nikolai Buj√°rin sobre el materialismo hist√≥rico. Gramsci ha dedicado mucho tiempo a combatir el tendencial mecanicismo de Buj√°rin y su cientificismo un tanto ingenuo, porque ve√≠a en ese estilo de pensamiento la se√Īal de la subalternidad y un grave riesgo de empobrecimiento y esquematizaci√≥n de las ideas socialistas originadas en Marx. A la vista de la rudeza filos√≥fica de Buj√°rin y, sobre todo, pensando en la esclerosis del pseudomarxismo oficial posterior, parece evidente que Gramsci llevaba raz√≥n en su desproporcionado guerra contra el Manual de Buj√°rin. Pero la l√≠nea de pensamiento de Gramsci en la c√°rcel sobre estas cuestiones es la misma que sigui√≥ desde su juventud, a saber, un modo de pensar que, bajo la influencia del idealismo en que primeramente se form√≥ tiende a comprender el marxismo como ideolog√≠a. En su juventud hab√≠a intentado armonizar su marxismo ideol√≥gico con la cr√≠tica de las ideolog√≠as por Marx. En los Cuadernos, tambi√©n en el 11¬ļ, Gramsci da, con s√≥lo alguna prevenci√≥n, una noci√≥n positiva de ideolog√≠a, proponiendo para el t√©rmino "el significado m√°s alto de una concepci√≥n del mundo que se manifiesta impl√≠citamente en el arte, en el derecho, en la actividad econ√≥mica, en todas las manifestaciones de vida individuales y colectivas". La convicci√≥n de que esa comprensi√≥n de las concepciones del mundo ha de ser compatible con el materialismo hist√≥rico permite situar a Gramsci (por lo que hace a la tensi√≥n materialismo-idealismo) entre el mecanicismo de Buj√°rin y el idealismo o mentalismo del joven Luk√°cs de Historia y conciencia de clase. Gramsci mismo parece sugerir su posici√≥n al respecto en un paso del cuaderno 11¬ļ:

Hay que estudiar la posici√≥n del profesor Luk√°cs frente a la filosof√≠a de la praxis. Parece que Luk√°cs afirma que s√≥lo se puede hablar de dial√©ctica para la historia de los hombres, pero no para la naturaleza pero si la historia humana se tiene que concebir tambi√©n como historia de la naturaleza (incluso a trav√©s de la historia de la ciencia) ¬Ņc√≥mo se puede separar la dial√©ctica de la naturaleza? Tal vez Luk√°cs, por reacci√≥n a las barrocas teor√≠as del Ensayo popular [de Buj√°rin], ha ca√≠do en el error opuesto, en una forma de idealismo.

El ideologismo de Gramsci le lleva a concepciones culturales no menos objetables que las del mecanicismo m√°s elementalmente dogm√°tico. Convencido del car√°cter "org√°nico" de cada cultura, seg√ļn el s√≠mil biol√≥gico tan querido de vitalistas e historicistas, Gramsci no est√° dispuesto a admitir ninguna complementariedad entre el socialismo y otras tradiciones o productos culturales. En esto piensa exactamente igual que el joven Luk√°cs idealista. La actitud se manifiesta muy claramente en el cuaderno 11¬ļ, por ser √©ste un cuaderno filos√≥fico. As√≠ se lee bajo el r√≥tulo "concepto de ortodoxia":

precisamente es "evolucionaria" una teor√≠a en la medida en que es elemento de separaci√≥n y distinci√≥n consciente en dos campos, en cuanto es un v√©rtice inaccesible para el campo adversario. Creer que la filosof√≠a de la praxis no es una estructura de pensamiento completamente aut√≥noma e independiente, en antagonismo con todas las filosof√≠as y las religiones tradicionales, significa en realidad no haber cortado los v√≠nculos con el mundo viejo, cuando no incluso haber capitulado [...] En el peque√Īo volumen de Otto Bauer sobre la religi√≥n se pueden hallar algunos indicios de las combinaciones a que ha dado lugar este err√≥neo concepto de que la filosof√≠a de la praxis no es aut√≥noma e independiente, sino que necesita sostenerse en otra filosof√≠a, materialista o idealista seg√ļn los casos. Bauer sostiene como tesis pol√≠tica el agnosticismo de los partidos y el permiso dado a sus miembros para que se agrupen en idealistas, materialistas, ateos, cat√≥licos, etc., esto es, para el oportunismo m√°s vil y abyecto.

Aparte de que la evoluci√≥n posterior ha discurrido en sentido opuesto, hay que observar ante todo que esa formulaci√≥n de Gramsci es de un idealismo extremo que ni siquiera menciona la base material o social del movimiento y el pensamiento socialistas, las clases sociales, sus tensiones y sus luchas, sino que lo reduce todo al plano ideal, con el notable y lamentable resultado de un totalitarismo y un reduccionismo culturales. Vale la pena notar que, contra el difundido lugar com√ļn que imputa siempre el reduccionismo y el dogmatismo al materialismo, semejantes consecuencias han sido frecuentemente afirmadas por marxistas idealistas, como el joven Luk√°cs y el Gramsci m√°s ide√≥logo...

Referencias

1. "La formación del marxismo de Gramsci", Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 66-68; 2. Cuaderno "Gramsci", Reserva de la UB, fondo Sacristán; 3. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 120-124; 4. A. "Filosofía", Papeles de filosofía, op. cit, pp. 186-187. 4. B. "El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel ", PEYPA, op. cit, pp. 184-185; 4. C. "El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel". Presentación A. Gramsci, Introducción al estudio de la filosofía, pp. 23-25.

IV. Conceptos gramscianos

1. Centro de anudamiento

En la concepci√≥n marxista de Gramsci la cuesti√≥n "¬Ņqu√© es el hombre?" entendida como cuesti√≥n filos√≥fica no pregunta por la naturaleza biol√≥gica de la especie sino por otra cosa que √©l formula del modo siguiente: "¬ŅQu√© puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede "hacerse", si puede crearse la vida". Piensa Gramsci que todas las filosof√≠as han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biol√≥gica. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad biol√≥gica; segundo, "los otros"; tercero, "la naturaleza". El segundo y el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relaci√≥n con los otros y con la naturaleza mec√°nicamente, sino "org√°nicamente" (con los otros) y "no simplemente (con la naturaleza) por ser √©l mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la t√©cnica" (incluyendo en este √ļltimo concepto tambi√©n los "instrumentos mentales", esto es, la ciencia y la filosof√≠a)" [...] Esas relaciones... son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a s√≠ mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual √©l es el centro de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboraci√≥n del concepto de "naturaleza humana" de Karl Marx: "que la "naturaleza humana" es el "complejo de las relaciones sociales" (como ha escrito Marx) es la respuesta m√°s satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede tambi√©n decirse que la naturaleza del hombre es la 'historia¬ī."

2. Guerra de posiciones

Soluciones "tambi√©n para hoy" y para "los problemas generales italianos": precisiones suficientes para mostrar que, a ra√≠z de la experiencia internacional, Gramsci, por m√°s que no lo teorice, tiene ya en su pensamiento pol√≠tico los elementos anal√≠ticos que lo diferencian de la escatolog√≠a izquierdista y del maximalismo socialdem√≥crata. La lucha de clases ha entrado ya en la fase de guerra de posiciones, y hay que pensar en el gris aguante cotidiano en la trinchera y en el tambi√©n gris esfuerzo por desgastar al enemigo d√≠a tras d√≠a, sin esperar de nadie la consumaci√≥n de los tiempos. Y para posibilitar esa lucha corrosiva de ambos bandos hay que introducirse en todos los resquicios de las l√≠neas enemigas, separar de ellas todos los sectores sociales cuyos problemas no sean resueltos por el poder capitalista, dar soluciones propias no ya s√≥lo para los problemas de la clase obrera, sino para "los problemas generales italianos". En este punto se funden la limitaci√≥n y la perspectiva dilatada de la "guerra de posiciones" que Gramsci teorizar√° en la c√°rcel: la necesidad de expansi√≥n pol√≠tica para recoger todos los "problemas generales italianos"-necesidad vista como rebasamiento de la real limitaci√≥n de la pol√≠tica seguida hasta entonces- es, por una parte, reconocimiento de que el partido no es en s√≠ mismo la universalidad de la clase obrera, "el partido de la clase obrera" como dice el exaltado sectarismo, sino, seg√ļn escribe Gramsci inmediatamente antes del texto √ļltimamente citado, "una fracci√≥n org√°nica del proletariado"; precisamente por eso ha de buscar en su pol√≠tica la universalidad que no tiene en su composici√≥n. Pero, por otra parte, esa expansi√≥n pol√≠tica es tambi√©n indicio de que tras la gris o hasta negra cotidianidad de la guerra de trincheras se esconde la preparaci√≥n de una futura fase de guerra de movimiento, definitiva a causa del desgaste sufrido por las l√≠neas enemigas y a causa de la universalizaci√≥n pol√≠tica de los motivos propios.

Gramsci no dar√° sistem√°ticamente la doctrina de la hegemon√≠a y de la alternancia de guerra de posiciones y guerra de movimiento sino en los cuadernos de la c√°rcel. Pero las ideas b√°sicas de la misma est√°n presentes en su pr√°ctica desde 1923. Lo est√°n tambi√©n en manifestaciones te√≥ricas acerca de puntos parciales, se√Īaladamente acerca del problema que es central en toda esta cuesti√≥n, el problema del partido revolucionario...

3. Bloque histórico

La idea de "bloque hist√≥rico" es otra de las afortunadas acu√Īaciones de conceptos a las que ya se ha hecho referencia y que son acaso el fruto m√°s permanente de la obra te√≥rica de Gramsci: como si en el forcejeo te√≥rico Gramsci hubiera conseguido una agudizaci√≥n de la capacidad de percibir y nombrar el objeto esencial de sus esfuerzos. En este caso -"bloque hist√≥rico"- se trata de la totalidad y unidad concreta de la fuerza social, la clase, con el elemento cultural-espiritual que es consciencia de su acci√≥n y forma del resultado de √©sta. El concepto -con ese nombre o con otro- es sin duda imprescindible para un marxismo verdaderamente dial√©ctico, que no entienda positiv√≠sticamente la historia como evoluci√≥n fatal y lineal de los fen√≥menos econ√≥micos. Pero en la misma presentaci√≥n del concepto se aprecia la causa por la cual Gramsci no pudo decidir nunca sino dentro del dilema "ideologismo-o-reformismo". Las frases de Marx de cuyo vago recuerdo parte la reflexi√≥n de Gramsci son sin duda del tipo de la c√©lebre "la teor√≠a se hace fuerza cuando aferra las masas" (Die Theorie wird zur Macht, wenn sie die Massen ergreift).La formaci√≥n idealista-culturalista de Gramsci le hace identificar "teor√≠a", la palabra usada por Marx, con "ideolog√≠a". Gramsci no ve pues la posibilidad de que la mediaci√≥n entre la fuerza social (la energ√≠a de la clase obrera) y la intervenci√≥n revolucionaria sea de naturaleza cient√≠fica, de la naturaleza del programa cr√≠tico; para √©l, la √ļnica mediaci√≥n posible es una nueva ideolog√≠a, la adopci√≥n por el marxismo de la forma cultural de las religiones y de los grandes sistemas de creencias, sint√©ticos y especulativos, de la tradici√≥n. En la √©poca anterior a su detenci√≥n, Gramsci ha expresado eso sin reparos. He aqu√≠ un ejemplo. "Los socialistas marxistas no son religiosos: creen que la religi√≥n es una forma transitoria de la cultura humana que ser√° superada por una forma superior de la cultura, la filos√≥fica: creen que la religi√≥n es una concepci√≥n mitol√≥gica de la vida y del mundo, concepci√≥n que ser√° superada y sustituida por la fundada en el materialismo hist√≥rico [...]" (A 26-VII-1920; SM 415). Ese categ√≥rico texto contiene -junto con la tesis marxiana de la caducidad de la religi√≥n- dos tesis incompatibles con la cr√≠tica de Marx (y de Engels) a la ideolog√≠a: primera, la admisi√≥n de la validez futura de la filosof√≠a como visi√≥n sint√©tica o constructiva del mundo; segunda, la comprensi√≥n del materialismo hist√≥rico como un producto cultural funcionalmente id√©ntico a la religi√≥n, o sea, como un producto cultural ideol√≥gico.

4. La filosofía de la práctica

La "filosofía de la práctica" de A. Gramsci no es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas teóricos al concebirlos siempre como problemas de cultura, de hegemonía de las clases en la sociedad y de la consiguiente vida global de la humanidad a través del tiempo. "Lo que interesa a la ciencia" escribe Gramsci, "no es tanto [...] la objetividad de lo real cuanto el hombre que elabora sus métodos [...], que rectifica constantemente sus instrumentos materiales [...] y lógicos (incluidos los matemáticos); lo que interesa es la cultura [...], la relación del hombre con la realidad por la mediación de la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la realidad aparte de los hombres [...] [no es sino] una paradoja. "Para la filosofía de la práctica el ser no puede separarse del pensamiento, el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto: si se practica esa separación, se cae en la abstracción sin sentido".

La filosof√≠a ha de entenderse en la pr√°ctica de la humanidad, o, como escribe Gramsci, "concretamente, es decir, hist√≥ricamente". Gramsci alude alguna vez a los precedentes de la filosof√≠a de la pr√°ctica que cuajar√° en la obra de Marx: Tom√°s de Aquino, a√ļn en l√≠nea con los griegos, pero con mayor √©nfasis, ha ense√Īado que "el entendimiento especulativo se hace pr√°ctico por extensi√≥n". Leibniz y Vico se han visto, en el otro extremo, arrebatados por un activismo del pensamiento: "Las cosas m√°s especulativas son las m√°s pr√°cticas" (Leibniz); "Lo verdadero es el hecho mismo" (Vico). Hegel, por √ļltimo, ha ense√Īado que "todo lo real es racional". La filosof√≠a de la pr√°ctica ha de poner esos atisbos en un terreno nuevo: no es que la especulaci√≥n se haga pr√°ctica por extensi√≥n, o que sea paralela de √©sta, o la disuelva en s√≠, sino que la realidad humana es pr√°ctica, hecha por el hombre, y conocerla es hacerla. Por eso el tema de] hombre es "el problema primero y principal de la filosof√≠a de la pr√°ctica".

5. Tercer organismo

Acaso mejor que el incidente en el IV Congreso sirva para documentar la creciente rotura de Gramsci con el sectarismo de la izquierda la experiencia de los "Arditi del Popolo". Era ésta una formación para-militar de defensa del pueblo contra la creciente violencia fascista, apoyada por la policía. Los "Arditi del Popolo" eran, pues, una organización popular unitaria, un "tercer organismo" de nuevo, de los que Gramsci ha dicho siempre, junto al partido y el sindicato, para sostener y dirigir la lucha de la clase obrera. El 12 de julio de 1921 había publicado en L'Ordine Nuovo -y en primera página- una entrevista con el jefe de los "Arditi" Arrigo Secondari. El día 14 Bordiga replicaba en el mejor estilo sectario: un comunicado del Comité Ejecutivo del PCI, dominado por los izquierdistas, se oponía a la adhesión de los comunistas a los "Arditi del Popolo" porque "el encuadramiento militar del proletariado debe ser sobre la base del partido", de un partido que conseguiría poco más del 3% de los votos en las inminentes elecciones. Al día siguiente aparecía en L'Ordine Nuovo un artículo de Gramsci en favor del movimiento. Y el 7 de agosto el CE zanjaba el problema, convirtiéndolo en cuestión de disciplina.

6. Consejos obreros

Est√° claro que 'consejo' es traducci√≥n de soviet. Y est√° fuera de duda que Gramsci ha visto pronto en los soviets lo verdaderamente no particular de la Revoluci√≥n rusa. "El hecho esencial de la revoluci√≥n rusa es la instauraci√≥n de un nuevo tipo de Estado, el estado de los Consejos [...]. Todo lo dem√°s es contingente [...]". Y a finales del verano de 1920, cuando ya son manifiestas las dificultades de la lucha de los consejos obreros de Tur√≠n, su aislamiento respecto del pa√≠s, y cuando Tasca desde la derecha y Bordiga desde la izquierda pueden avalar su oposici√≥n al te√≥rico de los consejos turineses con la presumible tragedia final de √©stos, Gramsci reafirma a√ļn el origen sovi√©tico de su pol√≠tica de aquellos a√Īos. "¬ŅHay en Italia, como instituci√≥n de la clase obrera, algo que pueda compararse con el Soviet, que tenga algo de su naturaleza? [...] S√≠ [...]; es la comisi√≥n interna" (de f√°brica). Pero si la concreta influencia rusa y leninista en la doctrina gramsciana de los consejos obreros est√° fuera duda, la tenacidad de Gramsci en este punto y la continuidad del motivo en todo su pensamiento -incluso, con formas diversas, en la c√°rcel- se debe a lo que antes se ha indicado como ra√≠z de su leninismo: la coincidencia de problem√°tica con Lenin, la cual da un fundamento muy s√≥lido a la coincidencia (m√°s o menos estrecha) en las soluciones. Los consejos son la concreci√≥n del orden nuevo ya en el seno del viejo orden relativo, o absoluto desorden capitalista. Por lo tanto, son algo distinto del sindicato -caracter√≠stica arma de lucha "corporativa" o "estamental" en el desorden de la sociedad burguesa- y tambi√©n diferentes del Partido pol√≠tico, en cuyo origen el orden socialista no es m√°s que aspiraci√≥n. Vale la pena notar que la idea de un "tercer organismo" revolucionario -adem√°s del partido y del sindicato- aparece en la actividad de Gramsci muy pronto: por ejemplo, y como "club de vida moral", en 1917. Pero cuando cristaliza en la tesis de los consejos de f√°brica, la b√ļsqueda, tan gramsciana, de los g√©rmenes del orden nuevo en el tiempo viejo, antes de tiempo, por as√≠ decirlo, y con consciencia de ello, va a suscitar el entusiasmo de los metal√ļrgicos de Tur√≠n y el desconcierto y la oposici√≥n de las que un d√≠a ser√°n la derecha y la izquierda comunistas italianas.

Referencias

1. "Gramsci, A.", Papeles de filosofía, op. cit, pp. 414-416; 2. El orden y el tiempo, op. cit, p. 166; 3. "La formación del marxismo en Gramsci", Panfletos y materiales I, op cit, p. 80; 4. "Corrientes principales del pensamiento filosófico contemporáneo", Enciclopedia Labor, vol X, p. 798; 5. El orden y el tiempo, op. cit, p. 156; 6. Ibídem, pp. 126-127.

V. Matices

1. Desgraciadamente, el romanticismo hegeliano y la influencia del positivismo se juntan para contagiar a algunos marxistas esta concepción insuficiente (y alienada) de la ciencia como mera técnica. Síntomas del contagio pueden ser encontrados incluso en un pensador tan grande como Gramsci.

2. Los temas que en los fil√≥sofos marxistas de corte tradicional componen partes principales del "materialismo dial√©ctico" (o sea, los temas procedentes de la "filosof√≠a de la naturaleza" prerrom√°ntica y rom√°ntica), no se presentan pr√°cticamente en la obra de Gramsci. El pensamiento de √©ste presenta, por otra parte, un punto que lo distingue caracter√≠sticamente de la filosof√≠a marxista de orientaci√≥n cr√≠tica, a√ļn por examinar: se trata de su doctrina de las ideolog√≠as. Gramsci ha percibido que el hacer filos√≥fico de Marx es sustancialmente cr√≠tica de las ideolog√≠as. Pero, por otra parte, Gramsci piensa que todo pensamiento relacionado con la pr√°ctica, como es el marxismo, ha de concluir construcciones m√°s o menos ideol√≥gicas, mitos, como dec√≠a √©l mismo en sus escritos juveniles. En su edad madura no se decide ya a emplear esa palabra, pero tampoco a desideologizar completamente su concepci√≥n de] marxismo. Esto le obliga a distinguir entre "ideolog√≠as hist√≥ricamente org√°nicas. que son necesarias para una determinada estructura, e ideolog√≠as arbitrarias, racionalistas, queridas. En cuanto hist√≥ricamente necesarias, tienen una validez que es validez psicol√≥gica, porque organizan las masas humanas, forman el terreno en el cual se mueven los hombres y adquieren conciencia de su posici√≥n, luchan, etc." Con esa distinci√≥n Gramsci recoge su manera de leer a Marx desde su juventud. En 1918 hab√≠a escrito: "Marx se burla de las ideolog√≠as, pero es ide√≥logo en cuanto hombre pol√≠tico actual, en cuanto revolucionario. La verdad es que las ideolog√≠as son rid√≠culas cuando son pura charla, cuando se destinan a crear confusi√≥n, a ilusionar y a someter energ√≠as sociales, potencialmente antag√≥nicas, a una finalidad que les es ajena".

3. Sin duda este ambiente -sobre todo la completa doctrina intelectual de Croce- acarre√≥, en Gramsci como en toda la cultura italiana hasta hace poco, un desconocimiento casi total de otras corrientes de pensamiento representadas en la misma Italia, en Tur√≠n mismo y en aquellos a√Īos- por figuras como Valati o Peano. Y tambi√©n es cierto que la educaci√≥n preuniversitaria de Gramsci le predispon√≠a a una formaci√≥n humanista y culturalista ajena a algunos b√°sicos problemas sociales y culturales del mundo moderno, entre cuyos datos dominan los cient√≠ficos y tecnol√≥gicos [...] Todo eso ha contribuido a formar la imagen de un escritor irremisiblemente preso en una fase cultural cerrada, conclusa y en cierto modo provinciana: la fase que hegemoniz√≥ el idealismo culturalista y neo-hegeliano de Croce. Esa imagen se esgrime frecuentemente sin m√°s finalidad que la pol√©mica indirecta y con efectos bastante grotescos. "Hasta para el cat√≥lico Orfei est√° condicionado Gramsci por su formaci√≥n idealista y crociana", ha respondido Giorgio Amendola, con justificado sarcasmo, a una de esas consideraciones puramente instrumentales del problema de la formaci√≥n juvenil de Gramsci...

4. Gramsci y Lenin son dos pensadores de la sobreestructura. Ambos son excelentes -más Lenin- en la teoría del partido y la revolución. Ambos son excelentes -más Gramsci- en la teoría de la cultura. Ambos son deficientes en teoría de la ciencia, acaso porque ya en ellos obra la convicción de que la ciencia no es sobreestructura.

VI. Empatía

1. Gramsci y Kuhn

La misma orientaci√≥n hist√≥rica y sociol√≥gica de la mirada, que a veces hace caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permite tambi√©n formular criterios que luego han aparecido en la filosof√≠a de la ciencia acad√©mica de la cultura capitalista (sobre todo desde el libro de Th. S. Kuhn La estructura de las revoluciones cient√≠ficas). Por cierto que Gramsci no es el √ļnico ni el primer marxista que ha destacado la importancia de la evoluci√≥n hist√≥rica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia (su denostado Buj√°rin lo hab√≠a dicho en Londres en 1931, por ejemplo) pero lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con m√°s planos de pensamiento que el internalista "kuhnismo vulgar" gracias a la pr√°ctica "dial√©ctica" de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evoluci√≥n de las ideolog√≠as sociales.

La forma racional, l√≥gicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ning√ļn argumento positivo o negativo que tenga alg√ļn peso, posee su importancia, pero est√° muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuesti√≥n se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todav√≠a no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y cient√≠ficos.

Kuhn no dijo mucho más (filosóficamente) en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un poco más penetrantes.

2. Digno de amor

Supongo que no me equivoco en los factores que saltan a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural del movimiento obrero mayoritario, por lo menos, en Europa occidental.

Tambi√©n sin necesidad de introspecci√≥n, porque salta a la vista, recuerdo otro motivo de inhibici√≥n: el estudio de Gramsci en otras √©pocas, no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo siempre la mala pata de estar siempre contra las modas. Cuando se pone de moda yo ya no estoy con el estudio de Gramsci. Pero en las a√Īos finales de los cincuenta y, sobre todo, en lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci, y estoy seguro de que uno de los factores de mi inhibici√≥n de escribir, de intervenci√≥n pol√≠tica y cultural o pol√≠tico-cultural, ha sido la evidencia final para m√≠ que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso hist√≥rico-pol√≠tico en el que el hab√≠a intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total. Creo que su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis y sus infinitas man√≠as, sus aut√©nticas man√≠as persecutorias, por ejemplo, de las que hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme depresi√≥n. Creo que Gramsci ha muerto de depresi√≥n, de muerte ps√≠quica, de cat√°strofe.

Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibici√≥n. A m√≠ me parece que la historia de Gramsci es la historia de una cat√°strofe. Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci. ¬ŅC√≥mo va a haber esperanza de nada en la historia de una cat√°strofe? Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es un figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de √©xito del movimiento obrero, sino que, como cualquier m√°rtir, es digno de amor.

Y, por √ļltimo, hay un tercer factor de inhibici√≥n clar√≠simo. As√≠ como llegu√© a la convicci√≥n de que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional y, por lo tanto tambi√©n y por anticipaci√≥n, la posible historia del comunismo gramsciano, son historias catastr√≥ficas, tragedias, as√≠ tambi√©n llegu√© a la convicci√≥n inhibitoria que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable [...].

Otro factor fue la p√©rdida de fe en el esquema pol√≠tico del momento en el movimiento obrero, particularmente en el movimiento comunista de los a√Īos 64, 65, 66, 67 y tambi√©n 68 (el 68 fue la traca final claro). Luego la generalizaci√≥n de eso. Ver que ten√≠a que perder la fe no s√≥lo en la coyuntura pol√≠tica del partido comunista, sino en toda la tradici√≥n de la III Internacional e, incluso, en la variante gramsciana.

3. Veracidad

No ser√≠a err√≥neo, pero s√≠ demasiado parcial, concluir un examen de la formaci√≥n del marxismo de Gramsci anotando simplemente que ese marxismo ha sido siempre problem√°tico en el sentido de que no ha conseguido nunca decidir sino dentro de la ant√≠tesis positivismo-ideolog√≠a, de la irresuelta crisis entre el positivismo evolucionista de la social-democracia y una inconsciente escapatoria por v√≠a ideol√≥gica. Eso ser√≠a injusto porque as√≠ se olvidar√≠an, para empezar, los muchos conceptos valiosos que Gramsci ha conseguido arrancar al fecundo movimiento de su pensamiento entre los polos del viejo dilema; ser√≠a injusto tambi√©n porque supondr√≠a ignorar el desarrollo que el principio de la pr√°ctica ha experimentado por obra de Gramsci -desarrollo que la limitaci√≥n del tema exclu√≠a de estas l√≠neas-; y ser√≠a injusto, sobre todo, porque equivaldr√≠a tambi√©n a desconocer el valor que tiene la presentaci√≥n veraz y honda de un problema real. Para el marxismo contempor√°neo la insistencia en la inspiraci√≥n cr√≠tica de Marx y, por tanto, la reanudaci√≥n de su cr√≠tica de lo ideol√≥gico y la eliminaci√≥n de especulaci√≥n ideol√≥gica en el pensamiento socialista, es el programa m√°s fecundo que puede proponerse. Es un programa de dif√≠cil realizaci√≥n, porque se encuentra amenazado por dos riesgos complementarios: ignorar el peligro de la moderna ideolog√≠a "neocapitalista" del tecnicismo y del "final de las ideolog√≠as" -que es ella misma la ideolog√≠a del fatalismo monopolista-; y ser confundido con esa ideolog√≠a por parte de fil√≥sofos socialistas nost√°lgicos de los emocionantes megalitos hegelianos. Pero √©se es el programa de la hora. Y el problema a que responde ese programa se encuentra expresado del modo m√°s veraz y radical en la obra del hombre el trig√©simo aniversario de cuya muerte de conmemora este a√Īo.

Referencias

1. "Tres notas sobre l'aliança impia", Horitzons 2, p. 22, n. 10 (próxima edición en: Manuel Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona (en prensa); ed. de Salvador López Anal); 2. "Corrientes principales del pensamiento filosófico contemporáneo", Enciclopedia Labor, vol X, p. 798; 3. El orden y el tiempo, op. cit, p. 106; 4. Cuaderno "Gramsci", Reserva de la UB, fondo Sacristán; 3. "El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel", Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 205-206; 4. '"Una conversación con Manuel Sacristán", por J. Guiu y A. Munné, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, p. 93-95; 5. "La formación del marxismo en Gramsci", Sobre Marx y marxismo, op. cit., pp. 83-84.

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Salvador López Arnal é filósofo. Este texto foi publicado originalmente em La Insignia.



Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil & La Insignia.

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